Desarrollo emocional 0a3 simples.pdf


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Es importante aclarar que no todos los problemas revisten igual gravedad. Existen diferentes niveles
de expresión de las problemáticas, partiendo de simples desajustes o llamados de atención, hasta
llegar al establecimiento de un problema grave que compromete de manera general el curso del
desarrollo mental de un niño.
Para considerar este gradiente y comprender mejor las circunstancias que llevan a la instalación
de los niveles graves de problemáticas, conviene introducir las nociones de factores de riesgo y
factores protectores.

2. Factores de riesgo y factores protectores
Los efectos de toda circunstancia adversa que atraviesen el niño o su medio son diferentes si existen
factores que protegen al niño o bien factores que aumentan el potencial dañino de la situación.
La noción de factor de riesgo* es ampliamente utilizada en el campo de la salud, y de gran utilidad
también en las áreas de educación y trabajo social. En relación con el desarrollo emocional, son
aquellas características del niño, de su entorno inmediato o incluso de su medio comunitario y social
que constituyen un riesgo de déficit o de distorsión de las condiciones adecuadas para el despliegue de los recursos y de los cambios evolutivos que implica el desarrollo. Ahora bien, tan importantes como los factores de riesgo son los factores protectores*, es decir, recursos propios del niño,
o aspectos y modos del entorno que lo rodea, que permiten atravesar de modo más protegido las
situaciones adversas que le toque vivir, o que favorecen el despliegue de sus propios recursos. En
este sentido, es central tener en cuenta el aporte de capacidades individuales y recursos interiores
del niño como factores protectores en sí mismos ante las situaciones estresantes.

Mínimos factores de riesgo + Máximos factores de protección
= Buena crianza

Cuando situaciones de estrés psicosocial* directo o indirecto –como violencia, pérdidas, inestabilidad
habitacional– hacen impacto sobre un niño pequeño, lo que este pierde es la protección, la seguridad y el bienestar básicos; es decir, la “envoltura” protectora, sostenedora, que debe constituir su
ambiente cuidador inmediato.
El ambiente cuidador debe funcionar como un factor protector que escude al niño de los eventos estresantes, reduciendo así su impacto. Si no ofrece protección, no solo no ayuda sino que multiplica el
impacto y, a través del efecto de la ansiedad y/u otras emociones negativas, puede incluso reforzarlo,
funcionando así como un factor de riesgo para el niño.

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Dentro de esta perspectiva también hay que considerar que cuanto más pequeño es el niño,
mayores son el impacto y el riesgo, ya que los recursos propios con los que cuenta o que ha ido
interiorizando a partir de la relación con su entorno todavía son insuficientes o inestables.