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Desarrollo emocional.
Clave para la primera infancia

1. ¿Qué es lo esperable en el
desarrollo emocional de un niño?

Primer año de vida

Conducta en
relación con
los estímulos
internos

Se transforma en simples cadenas de conductas sociales,
causales intencionadas, con
un propósito (por ejemplo, la
mamá sonríe, el bebé estira
una manito para provocar una
respuesta similar por parte de
la mamá), además de conductas recíprocas o casuales. Aparece una capacidad
para realizar interacciones
recíprocas organizadas (por
ejemplo, la mamá sonríe, el
bebé sonríe) y luego, hacia
el final del primer año, surgen
cadenas más complejas de
interacción (estirar los brazos
para alcanzar objetos, sostenerlos, dárselos a la mamá).
Las interacciones sociales
incluyen temas de placer, exploración y protesta.

Segundo año de vida

Los niños, en esta etapa, tienen capacidad de organización de la conducta en cadenas causales más complejas
(tomar a la mamá de la mano
y llevarla hacia la heladera
para mostrarle lo que quiere
comer); tienen iniciativa y originalidad en el nivel de la conducta, como también un aumento en la iniciativa. El niño
expresa temas de amor, curiosidad, exploración y protesta,
enojo, negativa, y celos, todo
de un modo organizado (correr hacia el papá y abrazarlo,
tironear de él, besarlo, en una
serie organizada; o alejarse,
tirar los juguetes, llorar y gritar, como otra serie). Hacia el
final del segundo año, surgen
capacidades para integrar
los temas que reflejan polaridades de amor-odio, pasividad-actividad (por ejemplo,
en un juego una muñeca es
mala, le da una paliza, y luego
la abraza). También surgen
capacidades simbólicas o de
representación en temas de
relación o emocionales.

Tercer año de vida

La conducta queda organizada como en el segundo año,
incluso hay más cadenas de
interacción. Ahora surge la
capacidad simbólica o representacional, como se evidencia en el lenguaje y en el uso
de pronombres personales
(yo, tú, etc.), y la elaboración
de fantasías a través del
lenguaje y la conducta (por
ejemplo, un juego en el cual
el niño tiene una muñeca y
la madre tiene otra muñeca).
En contraste con la conducta
organizada, la comunicación
simbólica está inicialmente
fragmentada (por ejemplo,
islas de juego sin aparente
conexión en el juego simbólico o en la comunicación
verbal). Hay una elaboración
gradual de la experiencia, en
la repetición de temas simples (“quiero eso”), o en el
juego simbólico de abrazar
a las muñecas que lleva a un
rango amplio de temas concernientes al poder, el placer,
la dependencia, el miedo, etc.
Estos temas se van volviendo
más complejos (por ejemplo,
las muñecas abrazan y luego
besan). Los temas envuelven
la repetición de lo que se ve
y se escucha, explorando el
mundo inanimado y el animado con nuevas capacidades
simbólicas, y luego usando
modos simbólicos para la interacción emocional.
Hay una vacilación entre los
intentos de autodefinición (a
través de tratar de “estar controlando”, peleas de poder,
negativismo) y el desarrollo
placentero y excitado de nuevos pensamientos (descubrimiento del nivel simbólico),
las conductas y los intereses
regresivos dependientes (por
ejemplo, sostén, “pegoteo”),
los cuales, sin embargo, también tienen el elemento: “yo
controlo”. Mejora la capacidad
para el autocontrol y la respuesta a los límites, y va estructurando un nivel simbólico. Hacia el final del tercer año, surge
interés por el tema del poder
(por ejemplo, barcos-cohetes,
héroes poderosos, pretende
ser un monstruo y se asusta de
los monstruos).

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Fuente: Greenspan, S. (2003): The clinical interview of the child. Washington DC: American Psychiatric Publishing.