1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES.pdf


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unión con Cristo Cabeza. Ya que insertos en el bautismo en el Cuerpo Místico de Cristo,
robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al
apostolado por el mismo Señor. Son consagrados como sacerdocio real y gente santa (Cf. 1
Pe., 2,4-10) para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras, y para dar
testimonio de Cristo en todas las partes del mundo. La caridad, que es como el alma de todo
apostolado, se comunica y mantiene con los Sacramentos, sobre todo de la Eucaristía.
El apostolado se ejerce en la fe, en la esperanza y en la caridad, que derrama el
Espíritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia. Más aún, el precepto de
la caridad, que es el máximo mandamiento del Señor, urge a todos los cristianos a procurar la
gloria de Dios por el advenimiento de su reino, y la vida eterna para todos los hombres: que
conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (Cf. Jn., 17,3)'
Por consiguiente, se impone a todos los fieles cristianos la noble obligación de
trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado por todos los
hombres de cualquier lugar de la tierra.
Para ejercer este apostolado, el Espíritu Santo, que produce la santificación del pueblo
de Dios por el ministerio y por los Sacramentos, concede también dones peculiares a los
fieles (Cf, 1 Cor., 12,7) "distribuyéndolos a cada uno según quiere" (1 Cor., 12,11), para que
"cada uno, según la gracia recibida, poniéndola al servicio de los otros", sean también ellos
"administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pe., 4,10), para edificación de todo el
cuerpo en la caridad (Cf. Ef., 4,16).
De la recepción de estos carismas, incluso de los más sencillos, procede a cada uno de
los creyentes el derecho y la obligación de ejercitarlos para bien de los hombres y edificación
de la Iglesia, ya en la Iglesia misma., ya en el mundo, en la libertad del Espíritu Santo, que
"sopla donde quiere" (Jn., 3,8), y, al mismo tiempo, en unión con los hermanos en Cristo,
sobre todo con sus pastores, a quienes pertenece el juzgar su genuina naturaleza y su debida
aplicación, no por cierto para que apaguen el Espíritu, sino con el fin de que todo lo prueben
y retengan lo que es bueno (Cf. 1 Tes., 5,12; 19,21).

La espiritualidad seglar en orden al apostolado
4.
4. Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen de todo el apostolado de la
Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado seglar depende de su unión vital con
Cristo, porque dice el Señor: "El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque
sin mí nada podéis hacer" (Jn. 15,4-5). Esta vida de unión íntima con Cristo en la Iglesia se
nutre de auxilios espirituales, que son comunes a todos los fieles, sobre todo por la
participación activa en la Sagrada Liturgia, de tal forma los han de utilizar los fieles que,
mientras cumplen debidamente las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias
de la vida, no separen la unión con Cristo de las actividades de su vida, sino que han de
crecer en ella cumpliendo su deber según la voluntad de Dios.
Es preciso que los seglares avancen en la santidad decididos y animosos por este
camino, esforzándose en superar las dificultades con prudencia y paciencia. Nada en su vida
debe ser ajeno a la orientación espiritual, ni las preocupaciones familiares, ni otros negocios