1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES.pdf

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5.
5. El Señor Jesús, ya desde el principio " llamó a sí a los que El quiso, y designó a
doce para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar" ( Mc., 3,13; Cf. Mt., 10, 1 - 42 ).
De esta forma los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen
de la sagrada Jerarquía. Después el Señor, una vez que hubo completado en sí mismo con su
muerte y resurrección los misterios de nuestra salvación y de la renovación de todas las
cosas, recibió todo poder en el cielo y en la tierra ( Cf. Mt., 28, 18 ), antes de subir al cielo (
Cf. Act., 1, 4 - 8 ), fundó su Iglesia como sacramento de salvación, y envió a los Apóstoles a
todo el mundo, como El había sido enviado por el Padre ( Cf. Jn., 20, 21 ), ordenándoles: "
Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo: enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" ( Mt., 28, 19s ).
" Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere
bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará " ( Mc., 16, 15 - 16 ). Por ello
incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del
mandato expreso, que de los Apóstoles heredó el orden de los Obispos con la cooperación de
los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en
virtud de la vida que Cristo infundió en sus miembros " de quien todo el cuerpo, coordinado
y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, según la actividad propia de cada miembro y
obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificación en el amor" ( Ef., 4, 16 ). La misión,
pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo
y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los
hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de
la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se
les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo.
Siendo así que esta misión continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del
mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por
moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió, es decir, por el camino de
la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de
la que salió victorioso por su resurrección. pues así caminaron en la esperanza todos los
Apóstoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasión
de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia. Semilla fue también, muchas veces, la
sangre de los cristianos.
Actividad misionera
6.
6. Este deber que tiene que cumplir el Orden de los Obispos, presidio por el sucesor
de Pedro, con la oración y cooperación de toda la Iglesia, es único e idéntico en todas partes
y en todas las condiciones, aunque no se realice del mismo modo según las circunstancias.
Por consiguiente, las diferencias que hay que reconocer en esta actividad de la Iglesia no
proceden de la naturaleza misma de la misión, sino de las circunstancias en que esta misión
se ejerce.
Estas condiciones dependen, a veces, de la Iglesia, y a veces también, de los pueblos,
