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Género e Igualdad en el Trabajo Social.
Género y Diversidad Familiar.
Francisco José Vidal mazo

respetar, en la medida de sus posibilidades, las preferencias personales y las circunstancias
laborales de modo que el reparto de las ocupaciones domésticas sea justo. Este hecho justifica
que las parejas estipulen los acuerdos domésticos de manera conjunta y reflexiva y que,
paralelamente, confieran gran importancia a la satisfacción personal en este terreno (Kurdek
2007).
En esta tesitura, y dado que el consenso en las decisiones domésticas es aplaudido por
los miembros de la pareja, los padres y las madres se muestran altamente agradados con su
implicación en las tareas domésticas pese a que su realización no les reportase gratificación.
Éste es un dato importante pues, aunque constituya una actividad poco complaciente, no
existe una sobrecarga atribuida a ningún miembro de la pareja. Esta situación choca
drásticamente con las experiencias relatadas por parejas heterosexuales; en las cuales el
hombre se evade y rehúye de su implicación en el trabajo doméstico, con la consiguiente
sobrecarga para la mujer (Rodríguez, Peña y Torío 2010) y repercusión negativa a la
satisfacción con el proyecto conyugal (Meil 2005).
Por otra parte, supone interpretar el trabajo doméstico en términos de colaboración
compartida pero no de ayuda, pues es un quehacer que incumbe al grupo familiar.
Resulta definitorio el posicionamiento de las parejas sobre las tareas domésticas. La
concepción de que las ocupaciones domésticas corresponden y son trabajo de todos, deriva en
importantes implicaciones a nivel social y educativo sobre la forma de comprender el trabajo
doméstico. Por una parte, entraña respetar el principio de corresponsabilidad familiar para
con sus respectivas parejas e hijos e hijas, alentando la participación de los menores en la
realización de las tareas domésticas con total independencia de su consideración tradicional
como masculinas o femeninas.

Políticas Sociales: Las políticas sociales de conciliación trabajo/ familia, lejos de
suponer un acicate hacia la igualdad, retroalimentan y perpetúan los roles y el esquematismo

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