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«NUEVAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS INTENTOS DE REPRESENTACIÓN DE TIC-TAC,
DE CLAUDIO DE LA TORRE EN PARÍS: LOS BOCETOS INÉDITOS DE SALVADOR DALÍ
Y OTRAS COSAS »

la siguiente nota anónima [1928b: 21]: «Se ha confirmado la noticia de que
en el teatro L[‘]o[e]uvre de París, se estrenará en breve una obra del culto
escritor canario don Claudio de la Torre, titulada Tic-tac».
Tal y como se ha visto, resulta más fiable admitir que la datación más
correcta de los bocetos de Dalí no se situara en 1928, sino en 1927, cuando
se produce el inicio de las conversaciones para montar Tic-tac en París. Y es
llamativo que sea Claudio el que señala la fecha de 1928, como la del inicio
de todo. No obstante, a la hora de valorar la fiabilidad de un texto sobre
otro, parece más veraz la fecha de una carta, (escrita el 2 de junio de 1927,
en el momento histórico concreto), que recordar una datación, pasados 22 o
23 años desde que sucedió, en 1950. Es posible que el margen de confusión
pudiera ser mayor en el segundo caso. Así que, por todo ello, no resultaría
desencaminado concluir que la fecha de la finalización de la creación de los
bocetos, por la prisa existente en la entrega, incluso fuera a mediados del
mes de mayo de 1927, de tal manera, que, cuando Dalí los vio más o menos
terminados, se los enviaría sin demora a Claudio.
El hecho de que Claudio de la Torre escribiera en su «Prólogo» de
1950, después de la Guerra Civil Española, que conservaba todavía los
bocetos de Dalí, hizo pensar a quien esto escribe que, probablemente, aún
los tendría su familia. Y, en efecto, así ha sido. Dichos bocetos
concretamente son tres dibujos realizados con gouache, con algún retoque
de tinta sobre papel. En lo que respecta a la medida de los mismos que se
puede observar al pie de las reproducciones en el presente artículo, al no
poder prescindir, en el momento de realización de este trabajo, de su
enmarcación dentro del passepartout en el que se encuentran probablemente
desde hace más de medio siglo, los criterios han sido los siguientes:
primero, tomar las dimensiones visibles de cada uno y, segundo, añadirles
un centímetro más, que es lo que necesitan los dibujos, en principio, para no
desestabilizarse desde dentro.
Por otra parte, una de las peculiariedades de estos bocetos es que no
están firmados por su autor. No es el único caso en la obra de Dalí. Sin ir

Anagnórisis

Número 10, diciembre de 2014
B-16254-2011 ISSN 2013-6986