Tonio, Le petit grandulón, por Andrés Sobico.pdf


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6 / CONTEXTO

—¿Quién ese hombrecito?
—No sé…
—Entonces ¿por qué no lo averiguás escribiendo un cuento sobre él?
—¡Un cuento para chicos! —agregó la esposa del editor—. ¡Tenemos que competir en Navidad con Travers y su
Mary Poppins!
—¿Les parece?… Es que ya bastante que me consideren
escritor, pero yo nunca escribí para chicos.
—¡Escribilo para él! —dijo señalando al hombrecito, que
parecía mirarlo desde el dibujo— ¡O escribilo para vos!

que dice en francés algo sobre lo tonto que ha sido
al no ver las vizcacheras.
Creyendo alucinar, como ya le había sucedido en
el desierto argelino, Tonio da un respingo y se voltea
a ver. No era un niño, eran dos niñas, eran Edda y
Suzanne Fuchs Vallon, hijas del propietario del lugar,
un francés instalado en la Argentina hacía mucho
tiempo.
Antoine no tuvo hijos, pero nunca perdió oportunidad de conversar con sus congéneres, más si estos
tenían de mascotas iguanas y mangostas, “y una vez
tuvimos un renard (zorrito), pero se quiso ir a vivir a
otro lado”.
Las niñas aparecerán dos veces en su producción;
primero, un artículo en la revista Marianne, llamado

“Las princesas de la Argentina”; luego, les dedica el
capítulo “Oasis” en su gran novela Tierra de hombres.
Ellas, las dos, fueron su Alicia Lidell, musa de otro
matemático que no quería crecer.
Quién es ese hombrecito
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se presentó como piloto y le dijeron que ya estaba grande
(¡justo a él que no quería crecer!).
Fue a Estados Unidos e intentó convencerlos de
luchar contra Hitler. Esa misión autoimpuesta lo enfermó y su editor norteamericano supo que debía
darle algo que hacer. Una tarde en la que tomaban
café Antoine, su editor y la esposa de este, Tonio
conversaba y dibujaba un monigote en la servilleta.

Un año después de publicar Le Petit Prince, habiendo
logrado mediante presión mediática volver a volar por
Francia, y siendo el piloto más viejo, durante una de sus
últimas misiones lo derriba un aviador alemán, que había
entrado en la fuerza aérea embelesado por las novelas de
un tal Saint Exupéry.
Plan 2. Volar por siempre y para siempre. Objetivo
cumplido.
Lo demás ya lo saben, o búsquenlo en la web.
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