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RETROCEDER JAMAS
Los últimos años han sido de grandes conquistas en materia de
derechos y avances en las condiciones de vida de nuestro pueblo
en toda la región. Argentina es uno de los países exponentes en
ese proceso. Después de décadas de neoliberalismo salvaje, la
recuperación de empresas privatizadas y sectores industriales que
estaban sin incentivo , la creación de 5 millones de puestos de
trabajo, el inicio de un proceso de desendeudamiento inédito para
nuestro país, la ampliación del presupuesto para la educación y la
salud, la política de subsidios universales, la reapertura de negociaciones salariales paritarias y la recuperación de derechos, constituyeron un significativo mejoramiento de la vida de una enorme
parte del pueblo trabajador.
Con este panorama, el 2015 será sin dudas un año bisagra para
la historia argentina. A los embates de la derecha regional a los
procesos populares se le suma una situación económica local que
pone en riesgo la continuidad de políticas de distribución y sostenimiento del empleo. Después de un largo período de crecimiento
económico llegamos a un contexto de déficit, en el que aparece
sin escrúpulos la presión externa y las consecuencias de la naturaleza de nuestra dependencia. Las conquistas de la última década
son el piso y no el techo de un proceso de soberanía y transformación que todavía debe encontrar su punto de no retorno. La
estructura dependiente y primarizada de la Argentina nos somete
a una restricción externa de divisas que condiciona a la política
económica -y muchas veces la política a secas- e impide reducir el
trabajo informal y precario que hoy afecta al 35% de los trabajadores. Aunque el crecimiento haya venido acompañado del fortalecimiento de la industria y del Estado, no hemos logrado modificar las
columnas vertebrales de nuestra economía y seguimos atados a las
exportaciones, al capital financiero internacional y a las presiones
de los sectores económicos concentrados.
En este contexto de recesión, el capital concentrado y trasnacionalizado que también ha crecido durante estos años, presiona al
Gobierno Nacional para ajustar la economía en perjuicio de los
sectores populares. En los últimos meses, el Gobierno ha encarado
una serie de medidas regresivas que afectan directamente al bolsillo de los trabajadores: la devaluación de la moneda , inducida por
corridas cambiarias pero también premeditada por el Gobierno,
presiona sobre la inflación que aumenta los precios y debilita los
salarios, y, en consecuencia, el escenario político de avance empieza también a resentirse. La respuesta de algunas trasnacionales
está siendo suspender o despedir trabajadores para mantener la
tasa de ganancias. Si bien se han impulsado políticas para cuidar
los ingresos, como el Plan Progresar y la suba de la Asignación
Universal por Hijo, ni éstas ni las paritarias salariales han sido suficientes este año para aminorar el golpe de la desaceleración que
sufren los trabajadores y trabajadoras. Mucho menos para aquellos que se encuentran en negro o precarizados. Además, las políticas de criminalización de la pobreza y la protesta social se han
profundizado y han logrado instalarse como agenda en sectores
del propio gobierno.
La derecha local, ahora apoyada públicamente por el capital financiero internacional y el lobby estadounidense, no descansa para
que el proceso de los últimos 11 años retroceda, en lugar de profundizarse. Pero para eso no tiene un candidato único. Desarrolla,
en cambio, una estrategia desde varios sectores de la oposición
y con expresiones en el mismo oficialismo. Cristina Kirchner está
impedida por la Constitución Nacional de ser reelecta el próximo
año. Sin embargo, y pese a las últimas presiones que recibió de la
justicia norteamericana por el pago de bonos de deuda a tenedores especuladores, su imagen positiva y liderazgo se mantienen
y esto le permite no señalar a un sucesor en particular para las
próximas elecciones. Son muchos los candidatos dentro del kirchnerismo que se autoproclaman como tales. Entre ellos se en-
Notas Sobre la Realidad Argentina
cuentra Daniel Scioli, quien hoy representa la derecha dentro del
Partido Justicialista y aparece como el que más posibilidades tiene
de ser el candidato. Con sus matices, tanto Daniel Scioli por dentro
del kirchnerismo, como Sergio Massa, Mauricio Macri o Hermes
Binner por los partidos de la derecha opositora, representan los
intereses de los sectores económicos y políticos que pretenden retroceder a un país de concentración de las riquezas y políticas neoliberales de privatización. La restauración conservadora vendrá de
la mano de todo aquel que garantice menos gasto público, menos
control del Estado y mayor capacidad para contener y disciplinar
al pueblo.
Sin embargo, las conquistas en materia de derechos sociales y humanos, la reapropiación popular de la política como herramienta
del pueblo para la transformación social y la confianza en que estamos ante una nueva etapa para nuestros pueblos no se debilitan
con tan poco. Las organizaciones populares tenemos que defender
el acumulado político de los últimos años, que es del conjunto del
pueblo y que nos permitirá construir las bases para una alternativa popular y de cambio profundo. Eso exige de nuestra parte la
inmensa capacidad de ensanchar el bloque popular, y construir
unidad para pararnos del lado que corresponde para enfrentar la
ofensiva del imperialismo que tiene sus capítulos en cada país de
la región.
Pero el fortalecimiento de la organización popular no tiene que
tener el solo objetivo de defender lo obtenido hasta acá. Si en el
futuro inmediato no avanzamos en políticas que afecten al modelo
de acumulación y avancen hacia otra matriz productiva, de seguro que habrá retroceso. Necesitamos una economía que produzca
mayor valor agregado, un desarrollo mayor y distinto de la industria nacional, reformar el sistema tributario, nacionalizar el comercio exterior y transformar de un modo más sólido la política de
ingresos del pueblo para que sea éste quien se apropie de la mayor
parte de la riqueza producida y no el capital extranjero. Pero sobre
todas las cosas, necesitamos mayor organización y mayor protagonismo. El pueblo organizado es el único que hace que un proceso de
cambio a favor de los trabajadores y trabajadoras sea irreversible.
Nota de la organización Argentina “Seamos Libres”
