Revista Kaminu Limay III.pdf


Vista previa del archivo PDF revista-kaminu-limay-iii.pdf


Página 1...97 98 99100101140

Vista previa de texto


Colectivo Literario
KAMINU LIMAY

V

icente, te juro que fue verdad, ¡te lo juro! Yo acompañaba
a mis padres en la sala, sentado frente al televisor, con
mis manos juntas y mis ojos cerrados, porque desde…, ya
sabes, desde el día del accidente, me parece ridículo estar con los
ojos bien abiertos y no poder ver siquiera el más diminuto destello
de luz. Como te decía, yo estaba ahí, lo más de aburrido, cuando, de
pronto, desde la calle llegaron algunos gritos y después oí a mamá
que decía con enojo que sólo eso faltaba, que se había cortado la
luz eléctrica. Pero, Vicente, ¿no me vas a creer?, como por instinto,
o no sé por qué, en ese mismo instante me dio por abrir mi par de
ojos inservibles, y, Vicente, ¿¡si me estás poniendo atención!?, los
abrí y fue como si un torrente de luz se adentrara en mí y le diera
forma a cada objeto de la sala, a Caliche, el gato, que permanecía a
mis pies; a mi padre, al que vi más gordo que nunca, y al cuerpo de
mi madre que caminaba a tientas por la pared en busca del fósforo,
ese maldito fósforo que mi mamá deja siempre al lado de la estufa y
que vi como lo agarró con sus dedos pequeños y que raspó después
sobre la pared, esa maldita cerilla que, con su llama enclenque, se
fue robando de a poco nuevamente la luz de mis ojos y, ¡maldita
sea, Vicente!, la oscuridad volvió y aquí estoy como antes, Vicente,
agobiado en tinieblas, ¿Vicente? ¿Vicente?

***

98