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Revista Número 3
KAMINU LIMAY

TOBÍAS: No te preocupes por eso, yo sí me quedaré contigo; ya he
comprendido que mi lugar es la tierra fecunda, quiero ir a donde
tú vas; quiero que me lo expliques de nuevo, me gusta mucho tu
historia.
COLORÍN: Me encanta contar esto: pues sí, nosotros los perros,
después de muertos, somos libres, ya que no nos entierran en
bóvedas, nuestros amos nos entierran al aire libre, a tan solo 50
cm debajo de la tierra, si es que no nos dejan a la intemperie; luego
nos descomponemos y servimos de abono orgánico a las plantas,
que crecen por encima de nosotros y alimentan a otros animales,
que riegan sus semillas por otros lugares; esas semillas crecen en
diferentes territorios y así hacemos parte de un ciclo de vida, del
sol, del viento, del aire, de la naturaleza en diferentes formas y
expresiones; un gran viaje de existencia continua.
TOBÍAS: Yo tuve un tío muy rico, a quien lo sepultaron en una
urna, que costaba un dineral, rodeada de cemento por todos lados;
recuerdo que hicieron una cúpula para que se conectara más rápido
con el cielo, dizque para que tuviera contacto directo.
COLORÍN: ¡Oh, qué sorprendente!, ya hubiera querido yo que
me entierren en una urna, pero a mí me han heredado el sol y las
estrellas.
TOBÍAS: Por eso te acompañaré, me iré muy lejos y tú harás que
me entierren al aire libre; quiero hacer parte de un todo, del infinito
y sus mundos.
COLORÍN: Sí, es hermoso ser como el viento, que se va siempre
en busca de algo nuevo, espacios, territorios, expresiones, rostros y
figuras en el tiempo.

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