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Colectivo Literario
KAMINU LIMAY

brano, Cabrera, Acosta, García, España, Burgos, Pupiales, Mora,
Obando, Córdoba, Hidalgo, etc.…, y en épocas más recientes los
Gómez, Barrera, Noguera, Mutis, Rojas, Miranda, Portilla, Moncayo, Guevara, Parra, Mármol, Tovar, Dávila, Popayán, Fajardo,
Ramos, Herrera, etc. Los idos, como los Arcos, Matta, Navarro,
Mosquera, Medina, Daza, David, Lozano, Realpe, Apráez, Ibarra,
Ortega, Cadena, Mesías, Eraso, Soberón, Reyes, Chamorro, Flórez,
Yela, Rengifo, Ruíz, etc…, no se han ido del todo, algo han dejado y
llevan consigo el anhelo eterno de volver.
Para los tambeños por nacimiento estar en Tambo Pintado o volver
a él es un premio, para los adoptivos el seguir aquí es su fortuna.
Aquí no hay foráneos, solo tambeños taytas y tambeños huahuas.
El corazón de los ausentes vibra pensando en el retorno, mientras
su personalidad relumbra donde quiera que estén, porque, como
dice la turba emocionada: El Tambo no se agüeva, donde quiera que
esté el tambeño enseña, lidera, muestra cultura.
En fin, lo importante, como apuntó Jorge Luis, es llegar a una conclusión, y de qué lado de la mesa llega eso, de qué boca, de qué rostro o de qué
nombre es lo de menos, lo trascendente es que los autores de la revista
están sirviendo la lectura que hacen de su mundo de la vida y nosotros podemos conocerlo y debatirlo. El debate es a ciencia cierta lo
que importa y, por ello, toda iniciativa que facilite la interlocución
de ideas debe avalarse, lo que no se debe avalar es el no hacer, ni
vanagloriar a quién se porta como extranjero en la patria chica.
El manjar que Kaminu Limay nos sirve hay que degustarlo con pausa, leer cada verso, cada estrofa, cada frase evocando a su autor y la
escena que nos pinta con la magia de las palabras y las letras, hay,
como todo en la vida, que catarlo, degustarlo como se degusta una
buena bebida, sintiendo el calor que entra por los poros, abriendo
la mente a la experiencia, temblando ante la magia del contacto con
el otro.
Para finalizar y para invitarlos de manera definitiva a degustar el
plato servido, permítanme mencionar cuatro o cinco bienes que
considero legítimamente tambeños: La libertad, la religiosidad, la
fertilidad para el arte, la alegría permanente y el amor por lo dulce.
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