LA QUIMICA DEL AMOR.pdf


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En el principio fue el deseo

A través del sistema nervioso, el hipotálamo – una glándula pequeñita en la base del cerebro envía mensajes a diferentes sistemas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que
aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina – compuestos
transmisores que comunican entre sí a las células nerviosas y a éstas con otros órganos - . La
adrenalina incrementa la presión sanguínea, acelera el ritmo cardíaco (130 pulsaciones por
minuto) y hace que respiremos más pesadamente. La alta presión sanguínea provoca el síntoma
de las palmas sudorosas y de los rubores de las primeras etapas del enamoramiento, mientras
que la respiración más profunda lleva a oxigenar más el cuerpo, dándole más energía y
provocando a veces una “sobredosis de oxígeno”, uno de esos momentos donde nos sentimos
flotar. ¿O era eso lo que llamábamos estar enamorados?
La existencia elevada de noradrenalina en el cuerpo provoca excitación sexual y una
elevación del humor y hace que nos sintamos seguros y a gusto cuando compartimos
momentos con la persona que consideramos especial. El deseo sexual responde
primordialmente a la testosterona, la hormona “masculina”. Esta hormona es de vital
importancia tanto en los hombres como en las mujeres, pues los niveles altos de esta hormona
van de la mano con la pulsión sexual. El cuerpo produce testosterona si nuestra mente conecta
con la de otro en la sintonía del amor.
Los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de
nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso
y oleaje químico. Aquí se asientan los orígenes de un montón de emociones: el miedo, el
orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios
microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas
sudoríparas del cuerpo. El organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco
vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!,
¡dilatación!, ¡secreción!, … Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí apenas manda el
intelecto, ni la fuerza de voluntad. Es el reino del “siento, luego existo”, de las atracciones y
repulsiones primarias..., es el territorio donde la razón es una intrusa.
Bailando con la más FEA

Todos estos procesos hormonales que modulan el comportamiento humano en sus relaciones
amorosas y sexuales se han ido estudiando con el desarrollo de la Fisiología, primero, y de la
Bioquímica, después, a lo largo del siglo XX. Sin embargo, hace apenas 25 años que se planteó
el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las
neuronas y de allí al sistema endocrino – ya se han descrito antes algunos procesos hormonales
relacionados -, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas. El verdadero enamoramiento
parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro
una molécula orgánica, la Fenil-Etil-Amina (FEA). Ese
estado de felicidad y euforia que manifiesta el enamorado
está provocado por la mencionada molécula. Entre las
feniletilamina
muchas publicaciones relacionadas, se puede mencionar la
obra “The Chemistry of Love” de Michael R. Leibovitz,
psiquiatra de la universidad de Columbia, publicada en 1983, donde además de otros datos, se
propone el efecto afrodisiaco del chocolate en función de su elevado contenido en FEA.
Comúnmente conocida como la “molécula del amor”, la FEA es un estimulante natural, similar
a una anfetamina y se propone que a ella se debe la excitación que sienten las personas
enamoradas. La teoría que esgrimen los científicos afirma que la producción de feniletilamina