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Mujer
La perspicacia en su extrema amabilidad
hace de sus razones una ley fundamental del todo.
Son, como deben ser, las diplomáticas de la caballerosidad;
las que imponen, al hombre, su deleite y su temeridad.
Acompañantes del vivir;
sienten su impecable desdén de amores sin consuetud:
aquél que extiende sus maravillosos ánimos de ser y no ser
por ellas y para ellas.
Son magia, más que todo por su capacidad
innata para destruir los miedos del hombre,
motivándolo a la plenitud de sus sorpresas.
Son la guía, el apoyo, la razón: son el éxito y su desarrollo.
Son, entre palabras de gusto, los destellos de los ojos que siempre las necesitan.
Frenesí de alegrías.
