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Dr. MÁXIMO PERCOVICH

Prólogo
Durante muchísimo tiempo supe que algún día iba a escribir alguna cosa sobre la historia de los mundiales de fútbol, puesto que se trata de un tema que me
apasiona desde muy pequeño y por el cual siento una particular sensibilidad. Lo
que no tenía claro era el qué y el cómo de un proyecto que no acababa de definirse, algo que persistió hasta el mismo momento en que estuve plenamente
inmerso en la tarea. Sin contar aún con ese cabal e imprescindible conocimiento
de hacia dónde estaba encaminando mis pasos fue que un día comencé a escribir,
confieso que motivado por la pena que me causó un pobre hombre africano que
tuvo todo a su alcance para ser héroe y que sin embargo es probable que acabe
sus días repudiado; entonces las tres primeras palabras surgieron solas: “Él,
Asamoah Gyan”.
Sin embargo, haber conseguido encontrar un punto de arranque no resultaría como creía en un principio-, el objetivo más complicado. ¿Cómo podría establecer una coherencia lógica para el libro? ¿De qué manera mantendría el
entretenimiento y la atención del lector durante tantas y tantas páginas? ¿Sería
posible lograr dar a luz a algo diferente a las múltiples obras -muchas de ellas,
muy buenas- que circulan por las librerías y las bibliotecas? Si en lo personal no
era capaz de resolver estos tres dilemas, entonces el esfuerzo no tendría sentido
y tampoco el sueño que el mismo contenía.
La tarea me insumió más de dos años, y en el comienzo la idea central pasaba simplemente por repasar los cuarenta años que se cumplen en 2014 desde
que la copa FIFA tomó el lugar de su “colega” la copa Jules Rimet; esto significaba disponer de un inequívoco inicio de los relatos en el año 1974. Pero
entonces, como buen amante de la historia, comencé hacerme una serie de interrogantes: ¿podría yo, por ejemplo, comprender la realidad del oriente medio
actual desconociendo los sucesos de al menos los últimos dos milenios?; ¿habría
existido un sitio para Napoleón en la memoria de la humanidad de no haberse
desencadenado antes la Revolución Francesa?; ¿sería explicable la rivalidad
futbolística actual con Argentina si en el siglo XIX un tal José Artigas no hubiera
estado enfrentado mortalmente a Manuel de Sarratea y al centralismo bonaerense?
Retornando al tema que me ocupa, resultó obvio que las inevitables e ineludibles causas determinantes de las consecuencias iban demasiado atrás para
comenzar abruptamente “mi historia” en 1974, y entonces la idea original quedó
desechada. Entendí entre otras cosas que la cronología definitivamente debería
tener un lugar, aunque solamente a los efectos de ubicar ligeramente al lector en
una línea de tiempo; y para poder cumplir sustancialmente con esta última finalidad -y pese a que están a disposición de todos a quienes les interesen en
múltiples sitios de Internet- también me di cuenta de lo imprescindible que puede
resultar una pequeña dosis de estadísticas.

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