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donde está la vertiente subterránea, financia de su bolsillo. El que utiliza la comunidad, también lo excavó con su
propio esfuerzo, pero dijo que como cristiano “me agrada
que todos se beneficien, porque no hay otro lugar de dónde tomarla”, expresó.
Añadió que el secamiento de las fuentes hídricas se
debe en gran parte al despale constante en la montaña, y
por lo cual las lluvias están aminorando. “Ojalá que sea
cierto el proyecto que piensan traer del río (Musolí), porque así hemos estado durante muchos años”, comentó.
El caserío Los Suarez se fundó en 1972 con familias que emigraron de Los Calpules, municipio de Pueblo
Nuevo, departamento de Estelí.
Con parches presupuestarios
Lisandro Suárez, del comité pro agua para Santa
Bárbara, dijo que la Comuna jalapeña les ha dicho que
el mine-acueducto para traer el agua del río Musoli tiene
un costo de 9 millones de córdobas. “Y solamente garantizan un millón 700 mil, y nos piden que aportemos
en efectivo, además de la mano de obra, y aquí andamos
trabajando días salteados para mantener a nuestras familias”, lamentó.
Comentó que hay temor que con el poco presupuesto destinado no se haga un buen proyecto que dure por
muchos años para que abastezca a las 600 viviendas, con
unos 3 mil habitantes, incluida la vecina comarca Campo
Hermoso, con las que sólo les divide el paso de un puente
sobre un pequeño río que se muestra seco en pleno verano. También expresó preocupación sobre la conservación
del río Musolí, “que con el tiempo se ha ido aminorando
por el despale, pero creemos que (todavía) tiene suficiente para abastecernos”, indicó.
Don Apolinar Suárez excavó su propio pozo en el
patio de su casa, de 10 metros de profundidad y falta que
enchaparlo con ladrillo y cemento. La familia ya le están
extrayendo el vital líquido mezclado con un sedimento
blanquizco. “Ni modo, así esta agua”, acotó.
Ángela Dávila, otra de las amas de casa que chineaba a su hija pequeña, dijo que el poquito de agua que
lleva del pozo de la casa del señor Sixto Suárez Martínez,
es exclusivamente para tomar. Para cocinar la llevan de
otro pozo menos cuidado, pero confían que se hierve con
con todo los alimentos. Para el aseo personal y lavado
de ropa, “vamos al río que está a unos 4 kilómetros”,
explicó, y el camino es por cerros, entre pinares y bajo
un intenso calor, ambientado con sonido que emiten las
chicharras.
Don Sixto dijo que se ha arriesgado a desenterrar un
pozo que les financió la Cooperación Suiza, de unos 14
metros de profundidad, y que lo dañó el huracán Mitch
hace 15 años. Las paredes muestran una fractura cerca
del boquete y el concreto está semi hundido. Irene Concepción Ortez Jiménez, de Santa Bárbara, dijo que todos
andan “charqueando” en los pocos nacientes que se secan
en verano. “Los niños allí andan con sus baldes, y hasta
dejan de ir a la escuela”, apuntó.
La historia de estas familias, se repite a lo largo de
las comunidades y poblaciones que están a lo largo de la
carretera de 70 kilómetros, entre Ocotal y Jalapa, y que
bordean el pie de la cordillera Dipilto-Jalapa, de donde
bajan unos 20 ríos, de los cuales 12 mantienen un caudal
permanente en el verano. Abastecen directamente a 4 cabeceras municipales y 49 comarcas rurales que reúnen un
estimado de 100 mil habitantes. Parte de estas vertientes
son casi engullidas por las acequias que irrigan los tabacales del valle de Jalapa ●
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