INFORME PETROAMAZONAS ECUADOR.pdf


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“Según el Ministerio del Ambiente (MAE), desde 1967 (cuando se descubrieron los primeros
pozos petroleros en la Amazonía) hasta el 2009, se han registrado 794 derrames de crudo y
agua de formación solo en las provincias de Orellana y Sucumbíos. El agua de formación es
un fluido altamente contaminante que sale con el petróleo y debería ser reinyectado al
subsuelo.
Esto ha representado un derramamiento de más de 725.000 barriles de petróleo y agua de
formación en los ríos y la tierra de la Amazonía y las provincias de Esmeraldas y Santo
Domingo.
Aún no hay cifras actualizadas de los derrames registrados entre el 2010 y el 2013. Pero en
ese último período se han dado dos incidentes relevantes.
El primero del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) de 5.500 barriles en Esmeraldas en abril
pasado y 11. 000 barriles la semana pasada en el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano
(Sote).
Este tipo de derrames ha causado daños a la propiedad privada de los pobladores de la zona,
contaminación de cultivos, muerte de animales domésticos de granja, impacto en la calidad de
agua, deterioro en la calidad de los suelos y pérdida en la productividad, entre otros, según el
MAE. Aunque la entidad no tiene contabilizadas cuántas personas han enfrentado esta
contaminación, tiene en sus registros que fueron dañados cerca de 2,3 millones de metros
cuadrados. Es decir, una superficie equivalente a 300 veces el estadio Olímpico Atahualpa.”
Si estos son los derrames que oficialmente se documentan, podríamos confirmar que son muchos
más teniendo en cuenta que la gran mayoría de contingencias pasan desapercibidos de la opinión
pública y más aun de los medios de comunicación teniendo en cuenta que la producción petrolera
en muchas ocasiones se encuentran en zonas aisladas y poco pobladas, de difícil acceso.
En varias noticias de medios nacionales, se hace referencia a que la densidad de los derrames tiene
relación con la edad del Sistema de Oleoductos Transecuatoriano (SOTE), que atraviesa la cuenca
del Río Napo y que hace parte de la cadena de transporte de la posible explotación del Parque
Yasuní, lo que no solo demuestra que el proyecto de su explotación tiene una alta probabilidad de
contingencias sino que tiende a aumentar el riesgo ya existente históricamente, debido al aumento
de presión sobre esta plataforma de transporte.
Estos derrames que se concentran en la Amazonia ecuatoriana demuestran que existe una constante
histórica derivada de este tipo de accidentes y que su impacto en la transformación de los
ecosistemas amazónicos aun es desconocido y por ende, no ha sido cuantificada la degradación
ambiental causada por la industria durante sus años de operación, teniendo en cuenta que las
implicaciones ambientales de un derrame depende de varios factores como:
-

Las resiliencia y susceptibilidad del ecosistema intervenido
Las condiciones climáticas presentes en el momento del derrame
Las características y volumen del petróleo expuesto en la contingencia
El tiempo de propagación y mecanismo de atención de dicha contingencia.

Teniendo en cuenta el grado de especificidad de cada uno de estas determinantes, se puede asegurar
que aún se desconoce en términos cuantitativos e incluso cualitativos de cuál ha sido el legado
ambiental de la extracción de petróleo de la Amazonía con relación a las numerosas contingencias
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