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UNIDAD II: Cultura y Socialización
EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN
El concepto de socialización describe el proceso, por el cual hacemos nuestros muchos elementos
de la cultura en la que participamos.
Una primera aproximación al concepto -muy general- es la de concebir a la socialización como el
proceso a través del cual el niño recién nacido se convierte en miembro de la sociedad.
María Inés Bergoglio, parte de suponer que el hombre se hace en sociedad, y que, al mismo
tiempo, la sociedad, esa realidad objetiva, es producto del hombre.
Contenidos del proceso de socialización
Es posible detectar algunos puntos comunes, que constituyen verdaderos focos del proceso de
socialización. El lenguaje es uno de los contenidos fundamentales del proceso de socialización. En
tanto que comunicación significante, está inserto en el corazón de la acción social (que es, acción,
con sentido compartido con otros). Mediadora por excelencia entre el niño y la estructura social,
la lengua es pieza clave del proceso de desarrollo de la reflexión, de la autoconciencia, y también
del aprendizaje de los roles.
La socialización, en la medida en que es un proceso orientado a capacitar al niño para participar
activamente en la vida social, en la reproducción y producción del orden social, supone el
aprendizaje de la acción social propiamente dicha: es lo que se designa, de un modo muy general,
como aprendizaje de los roles. Los roles que se aprenden pueden ser muchos y muy diversos entre
sí.
Sin embargo, hay por lo menos dos tipos de roles cuya adquisición resulta fundamental:
-
En primer lugar, los que se relacionan con el papel sexual. Llegar a ser miembros de la
sociedad nos exige aprender a comportarnos como hombres o mujeres.
Un segundo tipo de roles, los que apuntan a la futura inserción del niño en la estructura
productiva. En las más diversas sociedades, el acceso a la vida adulta como miembro de la
sociedad requiere aprender un papel para desempeñar frente al mundo del trabajo. Esta
afirmación no debe ser interpretada en el sentido de que todos los niños aprenden a
trabajar; de hecho, en ciertos grupos sociales, deben aprender a vivir ociosos.
El niño no sólo adopta los papeles que los otros desempeñan entre sí, y sus actitudes frente al
proceso social cooperativo; también adopta los papeles que los otros significantes desempeñan
frente a él, y así aprende quién es él mismo: adquiere una identidad social. Tal como Cooley lo ha
destacado, la construcción de la identidad es un proceso social. Descubrimos quiénes somos
contemplándonos como nos ven los demás. Así, nuestra identidad tiene algo de espejo, en tanto
refleja las miradas de quienes nos rodean.
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María Inés Bergoglio
