text per al debat del 21 de febrer.pdf


Vista previa del archivo PDF text-per-al-debat-del-21-de-febrer.pdf


Página 1 2 3

Vista previa de texto


todos” que constituye la sociedad a la ”voluntad general”, es decir, la voluntad de los
preseleccionados por todos pero que no responden ante nadie. Como dice Carl Schmitt, representar
significa hacer presente una ausencia o, en realidad, a nadie en concreto. La conclusión de Schmitt
es perfectamente coherente con los presupuestos de Rousseau, que a su vez se expresan en la
constitución estadounidense y en las constituciones de la Revolución francesa. La paradoja de la
representación es completa. Lo único que sorprende es que pudiera funcionar durante tanto
tiempo y, en su vaciedad, solo podía hacerlo respaldada por la voluntad de los poderosos, de los
poseedores de la riqueza, de los productores do información y de los instigadores del miedo,
predicadores de la superstición y la violencia.
Hoy, sin embargo, aunque llegáramos a creer en los mitos modernos de la representación y la
aceptáramos como un vehículo de democracia, el contexto político que la hace posible ha cambiado
radicalmente. Toda vez que los sistemas de representación fueron construidos sobre todo en el
ámbito nacional, el surgimiento de una estructura global de poder los socava en profundidad. Las
instituciones globales emergentes no hacen mucho esfuerzo por aparentar representar la
voluntad de las poblaciones. Los acuerdos sobre las políticas a seguir se sellan y los contratos de
negocio se firman y son garantizados dentro de las estructuras de gobernanza global, con
independencia de toda capacidad representativa de los Estados nación. Existan o no
“constituciones sin Estados”, no cabe duda de que la función de representación que, de modo
mistificado, pretendía poner al pueblo en el poder ha dejado de ser eficaz en este terreno global.
¿Y el representado? ¿Qué queda de sus atributos como ciudadano en este contexto global?
Habiendo dejado de ser un participante activo en la vida política desde hace mucho tiempo, el
representado se ve pobre entre los pobres, luchando en la selva de esta vida social, solo. Si no atiza
sus sentidos vitales y despierta su apetito por la democracia, se convertirá en un puro producto del
poder, la cáscara vacía de un mecanismo de gobernanza que ya no hace referencia al ciudadanotrabajador. As pues, el representado, como las demás figuras, es el producto de la mistificación. Del
mismo modo que al endeudado se le niega el control de su potencia social productiva; del mismo
modo que la inteligencia, las capacidades afectivas y las potencies de invención lingüística del
mediatizado son traicionadas; y del mismo modo que el seguritizado, que vive en un mundo
reducido a miedo y terror se ve privado de toda posibilidad de intercambio asociativo, justo y
afectuoso, a su vez el representado no tiene acceso a la acción política efectiva.
Así, pues, buena parte de los movimientos de 2011 dirigen sus críticas contra las estructuras
políticas y las formas de representación porque reconocen claramente que la representación, aun
cuando es efectiva, bloquea la democracia en vez de fomentarla. ¿Donde ha terminado el proyecto
democrático?, se preguntan. ¿Cómo podemos emprenderlo de nuevo? ¿Qué significa recuperar (o, a
decir verdad, realizar por primera vez) el poder político del ciudadano-trabajador? Un camino, tal y
como enseñan los movimientos, pasa por la revuelta y la rebelión contra las figuras subjetivas
empobrecidas y despotencializadas que hemos bosquejado en este capítulo. La democracia solo se
realizara cuando haya emergido un sujeto capaz de aferrarla y promulgarla en acto.
Michael Hard, Antonio Negri: “Declaración” Akal pág. 31-36

3