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Por otro lado, no obstante que la mayoría de las esculturas de Luis Carlos se resuelven como figuras, lo
que rige en su lento y complejo proceso creativo no es la idea de una representación, sino propiamente
el juego de masas, volúmenes y vacíos, de equilibrios y tensiones, de ritmos y amplitudes que resuelven
tanto la forma escultórica como el concepto y el significado de la obra. De esa cuenta, sus esculturas
son al mismo tiempo el signo gráfico de un lenguaje y el símbolo visible y concreto de una presencia
que es en esencia inmaterial e intangible.
Sin duda debido al largo período que vivió en México concentrado en aprender las complejas técnicas
del modelado y de la fundición de metales que están en la base de su pensamiento y expresión
escultóricos y, luego, de su decisión de dedicarse por completo a ese oficio, pudo Luis Carlos mantener
su obra alejada de las posiciones políticas e ideológicas que dividían a la sociedad guatemalteca en
aquellos años de la guerra interna y mantenerla dentro de la dimensión técnica y estética del arte.
Mantener esta postura —que no es la del arte por el arte— precisamente en aquel momento histórico
y en una sociedad poco dada a apoyar a sus artistas, explica, por otro lado, tanto la necesidad de
diversificar los temas y las soluciones formales que alimenta su trabajo creativo como la inevitable y
consecuente resonancia que tuvo su obra a nivel internacional.
De allí que en el conjunto de obras creadas entre 1979 y 2013 que reúne su exposición retrospectiva,
más que la accidentada evolución de un artista que avanza, por decirlo así, a tientas en dirección a su
madurez, encontramos las transformaciones y la diversidad de la que es capaz un artista preocupado,
más que de la originalidad y las modas, de la autenticidad y la rigurosidad de su expresión. La unidad
y la coherencia de su obra proviene, en efecto, más que del estilo, de la intención estética del acto
creativo y de la dimensión ética del proceso formativo: sus esculturas, de cualquier época, de todas
las épocas, contienen una afirmación profunda que asienta su verdad en una forma serena en la que
se fusiona la lucidez y la sensualidad y que caracterizan a la obra de Luis Carlos como expresión no
de una filosofía del arte sino de una sabiduría.
Juan B. Juárez

Maternidad café
118 cm, alto X 27 cm, ancho
X 33 cm, profundidad

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