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Seres biomorfos, arte y ciencia ficción. Alien, el octavo pasajero (1979) de Ridley
Scott.
La base de cualquier criatura cinematográfica es un buen diseño, y en este aspecto los
dibujantes profesionales cuentan con ventaja. Cuando se piensa en ilustradores que han
aportado sus quimeras al mundo del cine, nos vienen a la memoria ejemplos tan
diferentes como Berni Wrightson, que diseño los ectoplasmas de Los cazafantasmas
(Ghostbusters, 1982), en los goblins de Dentro del Laberinto (Labyrinth, 1987)
diseñados por Brian Froud, pero el que sin duda ha aportado una inspiración más
oscura y original ha sido el pintor suizo Hans Rudi Giger. Solo tenemos que evocar al
guerrero alienígena de Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979).
Cuando Giger propuso al equipo de efectos especiales de Alien la creación de un ser
semitransparente, era a todas luces imposible de realizar con la tecnología del momento.
Para poner algo de cordura en el proyecto se confió en un hombre especialista en
biomorfos mecánicos, Carlo Rambaldi, que ya había trabajado en la cinta sobre
alienígenas Close Encounters of the Third Kind (1977).
Rambaldi creó la cabeza del Alien de manera independiente al resto del cuerpo. Siguió
con detalle los conceptos de Giger, aunque hizo algunas modificaciones con el fin de
incluir piezas movibles que permitirían animar la mandíbula y la boca interna de la
criatura. Para operar la lengua rígida del Alien —un conducto que sale de su boca con
otra boca pequeña con sus propios dientes al final de la misma— usaron un sistema de
bisagras y cables. La cabeza definitiva tenía alrededor de novecientas partes articuladas
junto con varios puntos de flexión.
