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El proceso era simple pero efectivo. Se proyectaba una imagen de acción real sobre una
pantalla trasera frente a la cual estaba colocada la mesa de animación con el modelo.
Colocaba entonces una lámina de cristal frente a ambos. Cuando la placa de acción real
había sido rodada, Ray determinaba dónde quería definir su línea de mate, y así,
mirando por el visor de la cámara, re-establecía esa línea y, con un lápiz de cera al final
de una vara, seguía la línea dibujándola en el cristal. Cuando quedaba satisfecho con la
precisión de la línea, pintaba entonces, con pintura negra mate, la sección inferior bajo la
línea. Fotografiaba entonces la animación del modelo reaccionando ante la acción real
en la placa. Después de eso realizaba un segundo pase con la cámara para reincorporar
la parte inferior previamente enmascarada con el mate, creando así una imagen
combinada de la criatura que parecía ahora formar parte de la acción real.
Harryhausen y Juran ya habían colaborado en Twenty millions miles to Earth en
1957. En esta ocasión, Simbad y la princesa constituye una fantasía oriental muy bien
acompañada de una partitura de Bernard Hermmann. Harryhausen empleará por
primera vez la fotografía en color (Technicolor), saliendo airoso de la dificultad.
Rodada en Manzanares el Real y La Alhambra, Simbad y la princesa supuso un salto
cualitativo por el absoluto dominio de las técnicas de animación. Para ella Harryhausen
construirá un cíclope gigantesco, una mujer serpiente con cuatro brazos que ejecuta una
danza perfectamente, un esqueleto animado, y la mayor innovación, un águila roc de dos
cabezas. Este último modelo demuestra que ya en los 50 Harryhausen había logrado
casi lo imposible: animar muñecos alados con total perfección e integrarlos a la acción
de modo determinante.