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Disfraces y ambientación: La mujer y el monstruo (1954) de Jack Arnold.
Película de terror de “serie B” -una expedición científica de exploración en el amazonas
que se encuentran con un ser monstruoso- le sirve a Jack Arnold, gracias a su acertada
atmósfera y ambientación, para conseguir un clásico del género.
Dirigida para la Universal por Jack Arnold, La mujer y el monstruo tiene muchos
puntos en común con otros clásicos de la productora, una película que en su día fue
estrenada en 3D y que una vez más nos muestra a un “monstruo” como un ser
desdichado, solitario y deseoso de comprensión. En esta cinta la Criatura de la Laguna
Negra es un monstruo porque así lo ven los demás, no ven a un ser que intenta
sobrevivir, sólo piensan que deber ser cazado.
Jack Arnold dirige con la soltura que le caracteriza, pero las escenas acuáticas, rodadas
realmente por James C. Havens, están filmadas con belleza y plasticidad, sobre todo
cuando la criatura bucea debajo de Julia Adams, con un erotismo implícito; hay
momentos, gracias a la iluminación, en que parece que la actriz nada desnuda con su
cuerpo recortado con la luz y el agua, podemos ver pues una representación muy
estilizada del acto sexual. Esta manera de nadar y los planos, serían los que sin duda
Steven Spielberg tomaría como referente para rodar sus escenas iniciales de la primera
bañista nocturna (Dense Cheshire) que muere al ser atacada por su famoso Tiburón.
Para la criatura se utilizaba un
traje de caucho, que estaba
dividido en piezas articuladas. El
proceso de montaje duraba
cerca de tres horas.
Los movimientos faciales del
monstruo
también
eran
limitados. El movimiento de las
branquias se lograba con una
pera de goma que estaba unida
a un tubo. Al apretarla con una
de sus manos, la presión del
aire hacía que las branquias se
moviera hacia dentro y hacia
fuera. La boca de la criatura era
controlada por el actor moviendo
su mentón.
