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para decir: ‘Hacemos esto, ¿y hacia dónde vamos?, ¿Qué
queremos con ésto?’. Así podríamos encontrar estas
ideas, que suelen ser peligrosas, como: ‘¿Qué pasaría si
en los barrios hubiera centros culturales? ¿Por qué no los
hay? ¿Por qué no hay plata para ésto?’.
Hay una tendencia a aceptar un techo: ‘Los gobiernos
destinan esta plata para cultura y eso tenemos que
aceptar’. Y el derecho a la cultura es uno al que todos
tenemos que acceder. Yo dibujo y algunas personas me
dicen que les gustaría dibujar pero no saben. Y les digo que
no es que no saben, si no que no han tenido la posibilidad
de dibujar, no han tenido los espacios, como tampoco han
tenido los espacios para hacer actividades físicas, para
hacer música. Si todos tuviéramos esos espacios seríamos
más integrales, pero una persona más integral es más
reflexiva, más autocrítica. Se crean sujetos peligrosos, con
pensamiento, que no tolerarían una situación como la que
describíamos al principio.
-¿Entonces cree que si se destinan recursos a la cultura
se genera el riesgo que desde ese sector haya una
revisión de nuestra situación?
-Exacto, porque junto con la educación son fundamentales
para establecer conciencia, que es el eje fundamental para
generar cambios. Cuba es un país pobre, casi sin recursos,
bloqueado, y subsiste en base a conciencia.
-¿Qué claves identifica para que crezca la dimensión
cultural en la provincia?
-Cuando se dio en Santa Rosa el avance de un modelo
autoritario, la gente que estaba en la cultura desarrolló
un espacio de encuentro que fue el Foro de Trabajadores
de la Cultura, que no ha muerto, que está latente. Había
personas de todas las disciplinas y de todas las edades.
Creo que desde ahí habría un gran aporte para marchar
por un camino distinto.
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Hay una tendencia
a aceptar un techo:
‘Los gobiernos
destinan esta plata
para cultura y
eso tenemos que
aceptar’.
