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Como debilidad, volvemos a la cantidad de habitantes.
Las grandes distribuidoras empezaron a mirar cuando
observaron que nosotros habíamos logrado algunas
cositas. “Son pocos, ¡pero mirá cuántos!”, decían.
-¿Ustedes crearon su propia demanda?
WG: Si, con ensayo y error. Descubrir el gusto del público
santarroseño es lo que más tiempo nos llevó. Y un ciclo
como Jueves de Cine ahora se repite en algunas ciudades,
como Puerto Madryn y Villa María. Hubo cuestiones que
tuvimos que aprender e imponer. Nosotros inventamos un
multiplex de una pantalla, ese sistema donde se pueden
pasar tres películas en un cine. Era algo que no se estiló
nunca. Y ahora hay gente que va a las 7, otra que va a las
9 y otra que va a las 11. Distintos públicos para distintas
películas.
BT: Un detalle importante es que General Pico nunca
cerró sus cines, cuando Santa Rosa estuvo ocho años sin
pantalla.
-Hacia el futuro, ¿qué cosas hay para hacer en el mundo
del entretenimiento?
BT: Todo lo que no hay instalado acá es porque las cuentas
no cierran. Hay mucha gente interesada en generar nuevos
espacios, y hay mucha creatividad y muchas ideas. El área
de cultura y espectáculos está bastante completa en
función del techo de espectadores que tenemos. Habría
que ver la posibilidad de incorporar tecnología. Faltan
cosas tecnológicas para los adolescentes, creo que esa
franja está poco explorada.
WG: Pero en la actividad nuestra, y ya lo dijo Chaplin,
nadie sabe nada.
-¿Existen políticas de apoyo a la industria cultural?
BT: Hay un divorcio entre la actividad privada del rubro
espectáculos y lo que se pretende hacer desde lo estatal.
Siempre estamos con dificultades de comunicación. Por
ejemplo, se superponen fechas de eventos, que generan
hoteles saturados y después fines de semana vacíos.
Hay pocas políticas de Estado que tengan que ver con
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Hubo cuestiones
que tuvimos que
aprender e imponer.
Todo lo que no hay
instalado acá es
porque las cuentas
no cierran.
