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Voces desde la escuela
La primera semana llamaba a la directora, ella me ayudaba
retirándolo del aula, pero en vez de darle una penitencia, le regalaba caramelos y lo hacía jugar hasta el recreo. Esto lo veían los
demás niños y me lo reprochaban, con mucha razón.
La segunda semana opté por llamar a su familia, se acercó el
padre, el cual se presentó alcoholizado, quería permanecer dentro
del aula con los niños para controlarlo y dijo que si tenía que pegarle lo iba hacer.
Al ver esta actitud del padre y en las circunstancias en las
que se había presentado a las 10 hs de la mañana, decidí decirle
que yo iba a manejar la situación y que no era para tanto el problema, que cualquier cosa lo iba a llamar.
Gracias a Dios, entendió y se retiró de la escuela sin ningún
problema.
Un día, cansada de tantas malas actitudes del niño reflexioné sobre lo que podía hacer. Lo llamé y me puse a conversar con él.
Me contó que el padre lo maltrataba cuando estaba alcoholizado,
que la madre no estaba en todo el día en su casa porque trabajaba
y que sus dos hermanos estaban presos por robar.
Ahí me di cuenta la vida que llevaba ese niño, la falta de
cariño que tenía y que con gritos, insultos y peleas él descargaba
esa ira que tenía dentro.
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