PROGRAMA SECUNDARIA FORMACION CIVICA Y ETICA 2011.pdf


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La vida cotidiana del alumnado
La formación cívica y ética no se limita al contexto de la escuela. Con frecuencia la
información que los alumnos obtienen de los acontecimientos de la comunidad cercana, del país y del mundo a través de los medios, son los principales insumos para
la reflexión y la discusión. Lo anterior constituye parte de las referencias que llevan
al aula y que requieren considerarse como recursos para el aprendizaje. En sentido
inverso, el trabajo de la escuela requiere articularse y cobrar sentido hacia lo que
sucede fuera de ella.
El trabajo sistemático con madres y padres de familia, la recuperación de situaciones y problemas cotidianos, la vinculación de la escuela con organizaciones de la localidad, la participación de la escuela en proyectos o acciones para aportar soluciones
a problemas específicos de la comunidad son, entre otros, aspectos que fortalecen el
desarrollo de competencias cívicas y éticas desde este ámbito.
Las experiencias cotidianas de los alumnos sintetizan parte de su historia individual y colectiva, sus costumbres y los valores en que se han formado como personas.
Los alumnos han constituido una forma de ser, una identidad individual y colectiva, a
partir de la condición social y económica de su familia de procedencia. Esta identidad
se construye en una situación cultural en la cual el entorno natural y social enmarca
las posibilidades de trabajo, convivencia, colaboración entre las personas, acceso a la
cultura y a la participación política.
Actualmente se reconoce que la escuela forma parte del contexto cultural y es
fuertemente influida por el mismo. Una escuela abierta a la comunidad obtiene grandes
apoyos del entorno al establecer relaciones de colaboración con otros grupos e instituciones de la localidad: autoridades, organizaciones ciudadanas y productivas.
También se reconoce la importancia de que la escuela establezca una relación de
colaboración e intercambio con las familias de los alumnos y con su comunidad; dicha
relación es mutuamente benéfica, pues vincula a dos instituciones cuya finalidad es la
formación de niñas, niños y adolescentes. Por esta razón es recomendable que entre
ambas exista un buen nivel de comunicación, colaboración y confianza.
Para que el cuerpo docente y directivo se abra a las experiencias de los alumnos,
su primer compromiso es escuchar y observar lo que ellos dicen y sus formas de actuar
durante las clases, en los recreos y la organización de los trabajos individuales y colaborativos. Este es un primer paso para que la diversidad cultural que representan los
alumnos y sus familias sea reconocida y sus aportes puedan aprovecharse.
La escuela tiene como compromiso promover una convivencia basada en el respeto a la integridad de las personas, además de brindarles un trato afectuoso que les
ayude a restablecer su autoestima y reconocer su dignidad y, con base en un trabajo
educativo, posibilitar la eliminación de cualquier forma de discriminación por género,
procedencia social, pertenencia religiosa, estado de salud u otro.

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