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Lourdes Olmos Cunningham
Desde temprano
La mañana despertó gris y húmeda
cuando los framboyanes aún dormían.
Encendí el televisor perdida entre sombras;
recuerdos virtuales vagaron inoportunos
espectros dormitaban en las bancas de los parques
con el alma carcomida por el cieno
y la ternura derramada en los bosques.
Vagué torpemente la mañana
en las desérticas colinas de mis sábanas,
en el olor a café que despide mi aliento
en la abismal quietud cuando regreso
y la abismal quietud cuando no estoy.
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