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Lourdes Olmos Cunningham
Mi encuentro con el ángel
Cabizbaja y sin fortuna
provenía del polvo mundano de las horas extranjeras,
caminaba por caminar un tornado sin horizontes.
sin saberlo compasivo y nostálgico
caminaba a mi costado sin mirarme el también
muchas veces he sentido la brisa de sus alas
rozar mi entrepierna,
padecer mis pesares
mis malvadas distracciones;
mis más caros atavismos y yo sin saberlo
esa sombra protectora de todos los tiempos
recuperó mi corazón
y yo no lo sabía.
Era sin duda el hombre quien yo siempre amé
quien ahora camina de mi lado bajo las aristas del fuego.
El mismo a quien todavía no conozco
sentado cada tarde frente al río absorto en sus asuntos,
a quien yo tengo deseo y no, de hablarle.
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