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como consignas y sin establecer una relación radical (a la raíz) que aborde estos temas como propios de una
totalidad que niega la vida en pos de un sistema de relaciones basado en la economía y las relaciones jerárquicas.
Nuestro aporte, además de una profundización de las posiciones revolucionarias respecto a éste tema (posiciones
que podemos decir son verdaderamente revolucionarias en el sentido que aspiran y se posicionan realmente
contra el orden del Estado y el Capital) es apuntar y precisar la negación y destrucción de lo que las tendencias de
izquierda de la burguesía muestran como unidades de poder y establecen en sus programas como entidades a
controlar: las clases, la economía, el Estado. Esta negación es un paso básico para posicionarse desde el
presente -desde una perspectiva histórica- en el enfrentamiento que esa realidad nos impone (ellos o nosotros,
proletariado o burguesía, economía o vida). Los Cuadernos de por sí no pueden impulsar una ofensiva, pero
si establecer un análisis que aporte a que esa ofensiva sea certera, y en sí deben considerarse también
una ofensiva las armas que utilizamos a menudo en el ataque a este mundo. Por ejemplo precisar la
necesidad de la destrucción del Estado siempre, en todas sus formas, la lucha del proletariado como lucha para
anular las clases y por la constitución de la comunidad humana. Además nos pone (como individuos que llevamos
a cabo los textos y como tendencia) en tensión al momento de plantearnos ese estado de transición que surge en
la mente y que es necesario encarar asumiendo que es imposible de definir: no hacemos ni ciencia ficción, ni
ciencia política.
Estos cuadernos se plantean como un medio de reflexión y de agitación, no como una investigación académica,
ya que no somos ni investigadores ni académicos: entendemos la actividad revolucionaria como una herramienta
a utilizar, no como un objeto a estudiar.

“Dado que queremos sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades
para crear un mundo donde no haya ni explotados ni explotadores, ni esclavos ni amos, elegimos aprovechar toda
nuestra inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente
orden social. No pedimos disculpas por esto, ni nos dirigiremos a aquellos que por pereza o por la concepción
ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia.”
Willful Disobedience Vol. 2, No. 11.Contra la lógica de la sumisión: Ni intelectualismo ni estupidez.

El rechazo a estas tareas de análisis y reflexión tildándolas de “intelectuales” sólo nos deja más desarmados e
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indefensos a merced de estos profesionales y su ideología , delegándoles nuestro análisis y reflexión, recayendo
quizás en un exceso de activismo sin proyectualidad y sin contenido.

Es en la lucha histórica misma donde es necesario realizar la fusión de conocimiento con la acción, de tal
forma que cada uno de estos términos sitúe en el otro la garantía de su verdad. La constitución de la clase
proletaria en sujeto es la organización de las luchas revolucionarias y la organización de la sociedad en el
momento revolucionario: es allí donde deben existir las condiciones prácticas de la conciencia, en las cuales
la teoría de la praxis se confirma al volverse teoría práctica. Sin embargo, la cuestión central de la
organización ha sido la menos encarnada por la teoría revolucionaria en la época en que se fundó el
movimiento obrero, es decir, cuando esta teoría poseía todavía el carácter unitario legado del pensamiento de
la historia (y que se había otorgado justamente como tarea el desarrollo hasta una práctica histórica unitaria).
Es, al contrario, el lugar de la inconsecuencia para esta teoría el admitir la toma de métodos de aplicaciones
estatistas y jerárquicas adoptadas de la revolución burguesa. Las formas de organización del movimiento
obrero desarrolladas a partir de esta renuncia de la teoría tendieron a su vez a impedir el mantenimiento de
una teoría unitaria, disolviéndola en diversos conocimientos especializados y parcelarios. Esta alienación
ideológica de la teoría ya no puede reconocer entonces la verificación práctica del pensamiento histórico
unitario que ella ha traicionado, cuando tal verificación surge en la lucha espontánea de los obreros:
solamente puede cooperar en la represión de su manifestación y su memoria. Sin embargo estas formas
históricas aparecidas en la lucha, son justamente el medio práctico que faltaba a la teoría para ser verdadera.
Son una exigencia de la teoría, pero que no había sido formulada teóricamente. El soviet no fue un
descubrimiento de la teoría. Y la más alta verdad teórica de la Asociación Internacional de los Trabajadores
era su propia existencia en la práctica.
Guy E. Debord. La sociedad del espectáculo, tesis 90.
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Ideología que inmediatamente se materializa en la realidad, y allí radica el problema en estos casos: ninguno de sus análisis
se limitan al plano abstracto y “perfecto” de las ideas.

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