REVISTA NUMERO 10 CANDÁS EN LA MEMORIA junio 2019.pdf


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LLEVAMOS AÑOS MATANDO LA MAR Y NO SOLO DE
PLASTICOS

Los residuos radiactivos olvidados de la fosa atlántica

Próximas a las costas de Galicia y Asturias se encuentran toneladas de
basura nuclear dentro de bidones cuyo estado actual se desconoce
En un proceso oculto y lento, con el trascurso
de los años las aguas quedaron afectadas por
los vertidos nucleares. Desde 1977 y durante las
décadas de los años 80 y 90 se llevaron a cabo
inspecciones periódicas para medir los niveles
de radiactividad de esta parte del océano. Sin
embargo, al no haberse realizado ningún tipo de
control reciente, se desconocen los niveles actuales de contaminación nuclear de estas aguas.
Si los vertidos siguen alterando la biodiversidad
del ecosistema marino, si puede afectar o no al
ser humano. Tampoco se sabe nada sobre las
circunstancias del origen del problema: No se
conoce el estado actualde los bidones que contienen la basura radiactiva.
«El diseño de los paquetes para los desechos vertidos no tenían por objeto garantizar el aislamiento de los radionucleidos (o elementos radiactivos) dentro de los bidones, sino más bien
asegurar que se transportaran intactos al fondo
marino; posteriormente se esperaba que ocurriera un proceso de dispersión lenta en el agua
circundante», explica en uno de sus informes la
Organización Internacional de Energía Atómica
(OIEA), conexa a Naciones Unidas.
Se estima que hay más de 112.000 toneladas de
residuos nucleares dentro de 225.586 bidones
aislados, según datos publicados en 2010 en un
artículo de investigación de la revista científica
PLOS ONE. Todo esto que esconde las profundidades de la Fosa Atlántica ha sido clasificado
por la OIEA como desechos radiactivos de «baja
e intermedia actividad» procedentes de operaciones de plantas de energía nuclear, de ciclos
de combustibles nucleares o de la descontaminación y desmantelamiento de plantas.

Pero esta organización descubre un dato más en
su informe: «Los grandes componentes de instalaciones nucleares, como los generadores de
vapor o los principales circuitos de bombas, se
vertieron intactos». Así es el estado en el que se
encuentran, también en el Atlántico, seis submarinos nucleares cuya recuperación ha resultado
imposible, a excepción del Kursk: el Komsomolets y el K-219 soviéticos, y los estadounidenses
Thresher y Scorpion permanecen en el fondo
marino. El más cercano a España es el submarino
nuclear K-8, localizado a 4.000 metros de profundidad tras el aparatoso incendio que provocó
su hundimiento en 1970. Tras este accidente a
490 kilómetros de la costa de La Coruña, dos
reactores y una cabeza nuclear quedaron sumergidos mientras que la radiación procedente
estimada por la misma organización es de 9250
terabequerelios (TBq), una radiactividad 200
veces menor que la de Chernóbil si se adopta el
límite inferior de liberación estimada.
Este no es el único dato sobre los niveles radiactivos de la zona. Desde 1977, los países involucrados en la eliminación de los desechos nucleares, junto con la OIEA, realizaron inspecciones
periódicas sobre los vertederos de la fosa atlántica
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