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MÚSICA

PREVENTA

29 mayo 2019

MATARSE PARA VIVIR
85 % de una historia real
de Chuck Klosterman
Rústica con solapas. 272 págs.
ISBN: 978-84-17645-04-5
PVP: 17,95 €
En Matarse para vivir, Chuck Klosterman
combina el periodismo musical y la
crónica viajera para narrar la historia de
su odisea automovilística de veintiún días
y 10.552 kilómetros (los que separan la
habitación del hotel Chelsea en la que Sid
asesinó a Nancy, en Nueva York, de la
casa en la que se suicidó Kurt Cobain, en
Seattle) en busca de toda una serie de
lugares relacionados con la muerte de
rockeros célebres. El motor de su periplo,
sin embargo, no es el puro morbo, sino
un genuino interés por indagar en el
sentido del amor, la vida, la muerte y la
fama, con la esperanza de lograr llegar a
responderse las siguientes preguntas: ¿Es
morir lo único que le garantiza un legado
a una estrella del rock? ¿Acaso son los
accidentes de avión, las sobredosis, los
incendios y los suicidios con armas de fuego la verdadera puerta de la inmortalidad para un
artista? Y en tal caso, ¿por qué?.
En el transcurso de su viaje, Chuck visitará el emplazamiento de los accidentes mortales de
Lynyrd Skynyrd, Duane Allman y Buddy Holly, así como la encrucijada en la que Robert
Johnson le vendió su alma al diablo; visitará Graceland, el río en que se ahogó Jeff Buckley
y el pueblo de Rhode Island donde un centenar de fans del grupo Great White fallecieron
atrapados en un incendio; escuchará los álbumes que grabaron en solitario los miembros
de KISS y analizará el modo en que Kid A, de Radiohead, vaticinó los acontecimientos del
11-S; se las tendrá que ver con serpientes venenosas, canales de televisión cristianos y
camareras filósofas; también presenciará el fin de tres relaciones sentimentales: una por
voluntad propia, otra por casualidad y la última por agotamiento. Todo, para saber por qué
el acto más importante que puede hacer un músico por su propia carrera es dejar de
respirar… y qué significa eso para todos nosotros.

Un texto desmitificador y en ocasiones francamente divertido. Klosterman escribe con la
acidez suficiente como para que coloquemos este libro en una estantería especial, muy
cerca de Hunter S. Thompson y Robert Greenfield.
Javier Pérez de Albéniz, El Cultural
A veces, cuando eres copiloto en un viaje por carretera, te lo estás pasando tan bien
charlando con tu colega, contemplando el paisaje por la ventanilla y escuchando música de
primera que, cuando llegas a tu destino, te sientes reacio a parar y bajar del coche. Es la
sensación que transmite este libro.
Gregory Kirschling, Entertainment Weekly