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LITERATURA
PREVENTA
22 mayo 2019
Daniel Sueiro
Cuentos
Para leer en la cama con
un pitillo en la boca
AcAbAbA de encender un cigArrillo y me Acerqué
A lA ventAnA pArA tirArlo cAsi entero Al fondo
del pozo y escupir, escupir dos veces con Asco
hAstA ver cómo llegAbA AbAjo todo Aquello y AumentAbA un poco más el nivel de inmundiciA y podredumbre.
Colección Libros de la Ballena
Rústica con solapas
Formato: 14x21
ISBN: 978-84-8344-697-3
Páginas: 304
PVP: 18,70
«Una antología imprescindible
para conocer a uno de los
escritores injustamente
olvidados del siglo XX español.»
Una gata vieja asiste a una niña en su parto. Dos borrachos
sin carnet quieren robar un coche de un almacén en llamas.
Un grupo de melenudos ocupa una barbería madrileña...
Material humano: hombres y mujeres que caminan sin rumbo en un país que les es desfavorable. Entre el dolor y la
risa irónica, sus historias se construyen siempre contra el
espíritu nacional de la España franquista (porque incluso
en los ochenta, como decía Sueiro, Franco todavía se había
muerto más bien poco).
eSta antología recorre loS treinta añoS De la proDucción cuentíStica Del autor. eS un libro impreScinDible
para entenDer Su hiStoria. Y la nueStra.
Daniel Sueiro nació en Ribasar, A Coruña, en 1931.
Sorteando la censura, publicó libros de cuentos y novelas
cortas, novelas y ensayos periodísticos, y ganó el Premio
Nacional de Literatura en 1958 y el Alfaguara en 1969.
Sus grandes reportajes de investigación periodística versaron sobre temas espinosos como la pena de muerte o la
historia del Valle de los Caídos. Y el cine español le debe
algunas de sus obras maestras: Carlos Saura, Mario Camus, Juan Antonio Bardem y Basilio Martín Patino llevaron textos suyos a la gran pantalla o contaron con él como
guionista. Fue un escritor formal y temáticamente subversivo: desde el realismo social a la novela experimental,
con rabia o con sentido del humor, se mantuvo siempre
pegado a las miserias de la gente. Murió demasiado pronto, con cincuenta y cuatro años.
«Sueiro rescataba el detalle que hace de cada caso un mundo genuino e intransferible. En
él las historias de los vivos no están separadas de las historias de los muertos.» —Carmen
Martín Gaite.
