REVISTA NUMERO 8 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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Sobre el cuadro de Luís Gutierrez Tudela

El mes de marzo del año 1232 se constata la
primera cita documental a la caza de ballenas en
Asturias en el puerto de “Entrelusa”, (pequeña
cala situada en la costa de Carreño, al abrigo del
islote de Entrellusa, en el término actual de la Ciudad Residencial de Perlora). En la Carta Puebla
otorgada en 1270 a los hombre de la Tierra de
Valdés se menciona expresamente el “Puerto de
Vallenación”, término que parece tener una clara
referencia con la práctica ballenera en las cercanías de la villa y el puerto de Luarca. De finales
del siglo XIII, año de 1291, es un documento que
confirma la existencia de dicha actividad en el
litoral oriental asturiano, en el que figura la renta
anual que se satisfacía a los monarcas castellanos sobre la “ballenación de Turnada” topónimo
que se identifica con la actual playa de Toranda,
situada entre el cabu Prietu y la embocadura de
la pequeña ría de Niembro (Barro, Llanes).
Otros dos testimonios documentales pertenecientes a la colección diplomática del monasterio de San Vicente de Oviedo reseñan los
repartimientos de los beneficios obtenidos con
la actividad ballenera en dos pequeños enclaves
costeros de la zona central asturiana que estaban bajo el dominio de ese importante centro
monástico. Se trata del pequeño puerto d´Estazones (Villaviciosa), año 1294, y del lugar de
Antromero (Bocines,Gozón), fechado en 1331.
A partir de las primeras décadas del siglo XVI

las fuentes documentales aportan
abundantes referencias sobre las
actividades balleneras en nuestras costas, y durante la centuria
siguiente comienzan a escasear
sus capturas, lo que determinaría
su abandono definitivo en los
primeros años del siglo XVIII.
En estos documentos aparecen
mencionados la mayoría de los
actuales puertos pesqueros asturianos en donde se practicó esta
actividad.
Así, de oriente a occidente figuran
los de Llanes, Ribadesella, Lastres,
Gijón, Candás, Luanco, Cudillero,
San Pedro (Bocamar), Luarca,
Puerto de Vega, Viavélez, y Tapia de Casariego,
aunque es bastante probable que también se
realizase en otros puntos del litoral, algunos ya
conocidos anteriormente como Tazones y otros
que aún conservan vestigios y recuerdos de su
pasado ballenero: Cadavedo, Ortiguera... Durante el mismo periodo adquieren un destacado
protagonismo los pescadores y balleneros vascos, principalmente guipuzcoanos, que al tenor
de la documentación conocida monopolizarían
casi en exclusiva la caza y comercialización de
las ballenas a lo largo de toda la costa cantábrica.
Esta actividad estaba totalmente organizada y
ocupaba a un buen número de personas altamente especializadas, por lo que existía un tipo
determinado de asociación o concierto denominado compañía, de características muy similares
en todo el Cantábrico. En un principio tan sólo
participaban en ella empresarios, armadores
y los propios pescadores, pero con el paso del
tiempo las compañías pasaron a ser controladas
por las poderosas cofradías y gremios del mar
establecidos en cada puerto. En ellas quedaba
fijada la contratación para realizar la caza de
ballenas por temporadas o costeras concretas,
la organización de dicha pesca y la regulación
de las condiciones económicas de todos los que
participaban en ella. La compañía también cu26
bría el servicio de vigilancia y localización de las