EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO.pdf


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7. Viviendo en un mundo así, bajo las presiones derivadas sobre todo de los
medios de comunicación social, los fieles no siempre han sabido ni saben
mantenerse inmunes del oscurecerse de los valores fundamentales y colocarse
como conciencia crítica de esta cultura familiar y como sujetos activos de la
construcción de un auténtico humanismo familiar.
Entre los signos más preocupantes de este fenómeno, los Padres Sinodales han
señalado en particular la facilidad del divorcio y del recurso a una nueva unión
por parte de los mismos fieles; la aceptación del matrimonio puramente civil, en
contradicción con la vocación de los bautizados a «desposarse en el Señor»; la
celebración del matrimonio sacramento no movidos por una fe viva, sino por
otros motivos; el rechazo de las normas morales que guían y promueven el
ejercicio humano y cristiano de la sexualidad dentro del matrimonio.
Nuestra época tiene necesidad de sabiduría
8. Se plantea así a toda la Iglesia el deber de una reflexión y de un compromiso
profundos, para que la nueva cultura que está emergiendo sea íntimamente
evangelizada, se reconozcan los verdaderos valores, se defiendan los derechos
del hombre y de la mujer y se promueva la justicia en las estructuras mismas de
la sociedad. De este modo el «nuevo humanismo» no apartará a los hombres de
su relación con Dios, sino que los conducirá a ella de manera más plena.
En la construcción de tal humanismo, la ciencia y sus aplicaciones técnicas
ofrecen nuevas e inmensas posibilidades. Sin embargo, la ciencia, como
consecuencia de las opciones politicas que deciden su dirección de investigación
y sus aplicaciones, se usa a menudo contra su significado original, la promoción
de la persona humana. Se hace pues necesario recuperar por parte de todos la
conciencia de la primacía de los valores morales, que son los valores de la
persona humana en cuanto tal. Volver a comprender el sentido último de la vida
y de sus valores fundamentales es el gran e importante cometido que se impone
hoy día para la renovación de la sociedad. Sólo la conciencia de la primacía de
éstos permite un uso de las inmensas posibilidades, puestas en manos del
hombre por la ciencia; un uso verdaderamente orientado como fin a la
promoción de la persona humana en toda su verdad, en su libertad y dignidad.
La ciencia está llamada a ser aliada de la sabiduría.
Por tanto se pueden aplicar también a los problemas de la familia las palabras
del Concilio Vaticano II: «Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad
de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la
humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres
más instruidos en esta sabiduría»​[17]​.
La educación de la conciencia moral que hace a todo hombre capaz de juzgar y
de discernir los modos adecuados para realizarse según su verdad original, se
convierte así en una exigencia prioritaria e irrenunciable.
Es la alianza con la Sabiduría divina la que debe ser más profundamente
reconstituida en la cultura actual. De tal Sabiduría todo hombre ha sido hecho
partícipe por el mismo gesto creador de Dios. Y es únicamente en la fidelidad a
esta alianza como las familias de hoy estarán en condiciones de influir
positivamente en la construcción de un mundo más justo y fraterno.
Gradualidad y conversión