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FIDELIO PONCE DE LEÓN uno de
los pintores de mas renombre de
Cuba
Cuando solo tenía ocho años sufrió la pérdida
de su madre, pesadumbre que expresó a través
de los pinceles. Los críticos aseguran que leer
los significados de su obra entraña atrapar su
proceder en la vida, mirarla desde la constante
inquietud que le hizo marchar en solitario.
Porque el mundo pictórico de Ponce es un
“mundo raro y doliente, de blancos, grises, sepias
y otros brumosos tonos”, reflejó su biógrafo Juan
Sánchez. La vida provinciana fue quizás también el camino para llegar al estilo depurado que
lo definió; en sus pinturas prevalece un fuerte
patrón de identidad con la vida, la postura y la
cultura de la ciudad que lo vio nacer.
Sin portar equipaje ni dinero, peregrinó por
Cuba, llevando solo consigo su arte; no le preocupaban las cuestiones económicas, ni las alabanzas públicas, se conformaba únicamente con
pintar.
Con su andar despacio se consagró a viajar por
los pueblitos del interior de la isla y lóbregos barrios de La Habana, dejando grabada su estampa
creativa y nostálgica en muchos lugares olvidados. En su peregrinaje enseñó a niños pobres y
no pocas veces pintó en bares y tabernas para
comer.
Desde su imaginación Ponce viajó a Europa;
se empapó del arte universal y la vida de ese
continente no más que por reproducciones en
catálogos; sin embargo, era capaz de contar con
tanta claridad sus “visitas” a museos parisinos
que, si no fuera porque las personas le conocían,
podían creérselas.
Tenía un amplio conocimiento de Italia, Francia, España y otros centros del arte de Europa, y
admiró a los grandes artistas de esa área, cuyas
lecciones están en sus obras.
Los estudiosos lo han relacionado por su lenguaje con el italiano Amedeo Modigliani (18841920), mientras que por el halo de misticismo
que reina en sus temas lo asocian a Doménikos
Theotokópoulos, El Greco (1541-1614), maestro
en captar el fervor religioso del siglo XVI español.
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