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DEIS | Serie 5 Número 59
Esta situación condiciona y hace que muchos de estos niños requieran cuidados
intensivos para tratar de atenuar los efectos de la prematurez, evitar secuelas y
disminuir la mortalidad que está en razón inversa al tiempo de gestación.
Si se utiliza esta variable asociada al peso al nacer, sirve para diagnosticar el
estado de nutrición fetal.
El niño de pretérmino es aquél que nace antes de la 37 semana completa
(cualquiera sea su peso). El nacido a término es el que nace entre la 37 y la 41
semana completa de gestación. El neonato de post‐término nace en la 42 ó más
semanas completas.
Deben tomarse con precaución los datos sobre edad gestacional por dos razones:
el nivel de confiabilidad del dato y las limitaciones en cuanto a lo que puede
brindar la atención médica para su modificación.
Número de orden de nacido vivo
El primer hijo tiene mayor riesgo que el segundo y el tercero. A partir de éste, el
riesgo aumenta en forma muy importante, al punto que la gran multípara es
considerada una madre de alto riesgo. Estas son más frecuentes en países o
regiones con déficits socio‐económicos y culturales, en los cuales no existen
programas de control de la natalidad.
Esta gran multiparidad se ve en muchas regiones, aún en madres jóvenes, por lo
que muchas veces no está asociada con la edad de la madre como podría
esperarse. La importancia de este factor en el área materno‐infantil, justifica su
análisis a nivel del país y de las diferentes jurisdicciones.
Desde los trabajos de Ruth Puffer y Carlos Serrano, publicados a principios de la
década del 70 (7), se observó que el orden de nacimiento podría considerarse
como un factor de riesgo que se asociaba con determinado daño en el hijo.
Situación conyugal de la madre
Los nacidos vivos se presentan también teniendo en cuenta la situación conyugal
de la madre, referida a si convive en pareja (ya sea casada o en unión de hecho) o
no convive en pareja.
Una información que señale la situación conyugal de la madre, categorizándola
como con pareja estable o sin pareja estable, contribuye a definir el riesgo de una
población materno infantil con mayor precisión que la filiación, definida como la
condición de matrimonial o extramatrimonial del nacimiento.
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