Relats Breus 2018.pdf

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Como una canción francesa
L
A mujer se engancha al alma salada de ese marinero que en tres horas estará
ya tan lejos de todo sobre el lomo brumoso de una mar opaca que pone
turbios lo recuerdos, perdiendo por los bordes el aceite del amor que le tiene
a esta hembra que le muerde a besos el corazón y lo retiene como queriendo
hacerlo suyo, como queriendo que se quede con ella y su cuerpo, al borde de
lo viejo una eternidad más.
Por eso, por este marasmo de amores a contrapelo, esa canción de los desgarros, esa voz
de los desalientos, ese negro al piano, negro de abismos negros en un agujero negro de
una ciudad tan negra como es Brest. Por eso esta mujer que baila mordiéndole las
entrañas a ese marinero de cuero curtido por los océanos. Por eso esa ginebra brutal
que se le clava en los mármoles de entre pecho y espalda y que la hace infeliz dentro de
un borbotón de infelicidades. I por eso, borracha, llora por dentro como sólo ella puede
llorar y repite en un idioma que no sabe – dime que me amas, que volverás – Y por eso
también, por esa canción de cicatrices blandas que suena en las bóvedas de la catedral
del fracaso, espera una mentira piadosa, una verdad a medias o al menos, un quizás que
la enardezca hasta que amanezca una nueva noche después de ésta y con ella un nuevo
amor en los ojos de otro hombre.
Y no queriéndolo, llega el alba con sus condenas y sus prismas de colores incendiando
el horizonte. Y a ella le desfallecen las piernas. El marinero se deshace de su abrazo y
sale a la calle arrastrando su saco.
Y en la taberna la mujer cierra los ojos y se duerme llorando. El negro cubre el teclado y
la madame apaga las últimas luces. Pero deja encendida una bombilla, la roja de todas
las pasiones, por si otro marinero se acerca a su establecimiento también con ganes de
naufragar entre esos brazos de pago.
Joan Carles González Pujalte
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