Relats Breus 2018.pdf

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TERCER
PREMIO
CASTELLANO
El viaje soñado
C
UANDO Gregorio y Marcela salieron de su casa, un tumulto vecinal les
esperaba en plena calle. La gente del pueblo, agolpada en puertas y balcones,
lanzaba vítores enmascarados de envidia, mientras la aclamada pareja
colocaba, sonriendo casi por inercia, las maletas dentro de su auto.
Minutos después, tras despedirse a conciencia de amigos y vecinos,
conseguían dejar atrás aquel pueblo que los había engullido de por vida. Pero como si
de un volátil sueño se tratara, esa misma noche regresaron a su casa, a esa que les había
despedido horas antes, y que agazapada ante la oscuridad de la madrugada, les
aguardaba en el más reposado silencio. Guardaron el auto en el garaje y, tras subir las
maletas a la habitación, decidieron que lo mejor sería intentar dormir. A la mañana
siguiente, Marcela, sin subir ni una sola de las persianas de la casa, preparaba el
desayuno con una rutina admirable, mientras Gregorio, aún dormitando tras aquella
extraña noche, ordenaba de nuevo la ropa en los correspondientes armarios. Y en esa
misma casa comieron. Y cenaron. Y volvieron a dormir. Así durante tres larguísimas
semanas. Con una nevera previamente abastecida y una conexión que no era de este
mundo, convivieron sin dirigirse la palabra en el más absoluto silencio, y no salieron de
aquella casa hasta que toparon de bruces con la fecha en rojo del calendario. Esa misma
noche, Gregorio hizo de nuevo las maletas, mientras Marcela se cercioraba, subiendo
mínimamente una de las persianas, que no había nadie en la calle. Salieron del garaje
con sigilo, y con el auto sin luces hasta salir del barrio. Una vez abandonado el pueblo,
pararon en un descampado donde pasaron la poca noche que les quedaba. Y ya no se
movieron de allí hasta que el sol de mediodía les hizo ponerse en alerta. Volvieron al
pueblo pasadas las tres de la tarde, y mientras afilaban de nuevo sus sonrisas antes de
girar la esquina de su casa, el barrio entero ya aguardaba su llegada. Esa misma tarde,
en un bar abarrotado de la plaza central, Gregorio y Marcela explicaban a sus vecinos
casi de memoria, su increíble y maravilloso viaje de novios.
Sergio Ledesma Pujol
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