Catálogo Exposición de Francisco Mateos Galería Orfila.pdf


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García Lorca, Maruja Mallo, Salvador Dalí…, entre los que queda constancia,
llegando a convertirse, de este modo, en el germen de los más inmediatos y
significativos emprendimientos de la vanguardia madrileña, como la que más
tarde se llamó Escuela de Vallecas. Mateos, no obstante, sólo llega a participar
de manera intermitente en estos acontecimientos (no pudo asistir, por ejemplo,
al nacimiento de esta última, pese a que tanto contribuyera al inicial pergeño de
su ideología estética, inspirada en una revalorización de las manifestaciones y
formas de la cultura popular), pues buena parte de esos años los pasará en el
extranjero.
En 1922, becado por el Instituto de Reformas Sociales, marcha a Múnich para
estudiar grabado en su Escuela de Artes Aplicadas, donde es discípulo de
Willy Geiger, pintor expresionista con el que colabora en la realización de
figurines y decorados teatrales y, ya en Berlín, en los de películas de la UFA.
Publica sus caricaturas en la célebre revista satírica muniquesa Simplicissimus
y prolonga un tiempo bastante largo su estancia en Alemania al estirar el dinero
de su beca gracias a la inflación galopante de esos años en ese país, viajando,
además, a otras ciudades centroeuropeas. Lo cierto es que, aunque conoce ya
entonces de primera mano el expresionismo alemán, su influjo no se deja sentir
en su pintura sino hasta más tarde, siendo, en este momento, artistas como
George Grosz o la grabadora Käthe Kollwitz sus principales referentes. Lo
mismo cabe decir respecto a James Ensor -importante influencia que, como la
de Emil Nolde, sólo será palpable en su plena madurez -, cuya obra conoció
probablemente, junto a la de Permeke, en su viaje a Bélgica, coincidiendo con
su segunda estancia en París (donde ya estuvo un tiempo, en el período de su
beca en Alemania), entre los años 1927 y 1930; unos años que corresponden,
por otra parte, al pleno auge y reconocimiento del expresionismo francés:
Rouault, Soutine, Vlaminck, Chagall…, citados después, reiteradamente, por
Mateos. Al cabo, es en París donde se estrena como pintor: se relaciona y
expone en colectivas con miembros de la Escuela de París (Pedro Flores,
Ismael González de la Serna, Hernando Viñes…); obtiene el encargo, en 1928,
de pintar cuatro murales del Instituto de Estudios Hispánicos, en la Universidad
de la Sorbona, en los que inicia el desarrollo del lenguaje, mezcla de candoroso
neopopularismo y de una grave ironía, que caracteriza su pintura en la década
siguiente; y, finalmente, el año 1930, realiza, en la Galería Tempo, su primera
exposición individual, presentado en el catálogo por el prestigioso hispanista y
crítico de arte Jean Cassou.
Un pintor republicano.
El mismo año de 1930, ante el hundimiento del mercado artístico parisino, a
consecuencia del Crack del 29, Mateos retorna a España y entra a colaborar en
La Gaceta Literaria, imprescindible referente de la intelectualidad de la época.
Aquí publica sus “carteles” caricaturescos y es presentado por Sebastiá Gasch
en un importante artículo (1), en el que el crítico catalán contraponía la que él
llamada su “pintura instintiva”, a las tesis neoclasicistas y de “retorno al orden”
preconizadas por Eugenio D’Ors, que daba así, a través suyo, por finalmente
liquidadas. Su ruptura con el partido socialista, en 1926, motivada, entre otros
asuntos, por la disconformidad con su política de colaboración con la Dictadura,