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ARQUITECTURA
Preventa 27 junio 2018
El arquitecto Javier Aguirre
Iturralde (1850-1939). Entre
Asturias y el País Vasco
José Fernando González Romero,
con la colaboración y fotografías
de Fausto González Martín
Colección: Piedras angulares
Materias: Arte, Historia
Edición en papel
Formato: 17 x 24
Páginas: 224
Peso: 0.5
ISBN: 978-84-17140-46-5
Año: 2018
PVP 25,00€
Precio S/IVA 24,04€
La vida y la obra de Javier Aguirre Iturralde se sitúan en la denominada Edad de Plata de la cultura española, marcada
por el naturalismo cultural propio del periodo histórico conocido como la Restauración Borbónica (1875-1931). Se le
puede encuadrar, por su nacimiento en la segunda mitad del siglo xix, dentro de la Generación de 1900, uno de los
periodos más brillantes de la arquitectura española, marcado por el eclecticismo finisecular, su canto de cisne en los
modernismos y la lenta implantación de la corriente funcional y racionalista.
E l arquitecto donostiarra se caracterizó por sus novedosos diseños de plazas y paseos cubiertos de hierro y cristal,
su sensibilidad social frente a equipamientos como hospitales, escuelas, casas baratas o presidios, y una pericia
técnica en sus proyectos de infraestructuras públicas y planes de urbanización. Debido a todo ello, representó una
figura capital durante dieciséis años en la modernización de la capital del Principado y de la la región asturiana al
servicio de su Diputación Provincial y, durante cerca de cuarenta años, en la transformación de Vitoria a disposición
del Consistorio.
E l Mercado del 19 de Octubre para el Fontán, la Cárcel Correccional del Naranco o la Casa Masaveu en
Cimadevilla, todas estas obras en Oviedo, bastarían para encuadrarle entre los máximos representantes de la
arquitectura española de entre siglos. Contribuyó a introducir la arquitectura de hierro en el norte peninsular y
siempre se movió dentro de una línea racionalista, patente en las prolijas memorias acompañadas de sus minuciosos
planos. La guerra y la piqueta destruyeron dos obras cumbres, como fueron el Hospital de Llamaquique (1882) o la
plaza de Abastos de Vitoria (1887).
Como fuentes para abordar su biografía y el desarrollo de su profesión, se pueden señalar las siguientes: las
pormenorizadas memorias que acompañan a los expedientes de sus encargos, que reflejan la necesidad de su
realización, además del enfoque ideológico y profesional con que se abordan; los planos de sus proyectos, que con el
paso del tiempo ganan en calidad, extensión y riqueza de tintas, con sus soportes de papel vegetal o tela; las
fotografías antiguas, las noticias de la prensa escrita o la correspondencia con compañías como Asturiana de Zinc.
