E Book Original.pdf


Vista previa del archivo PDF e-book-original.pdf


Página 1...39 40 41424347

Vista previa de texto


Gran parte de la Biblia es un relato de la historia de Israel, el pueblo de Dios; una y otra vez se
destaca que su aceptación de la existencia de Dios no estaba al mismo nivel que la fe que tenían
en sus promesas. Se les dijo por medio de su gran líder Moises: “Aprende pues... y reflexiona en
tu corazón que Jehová́ es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. Y guarda sus
estatutos y sus mandamientos” (Deut. 4:39-40) Si seriamente convenimos en que realmente
tenemos un Creador, debemos “guardar sus mandamientos”. “La fe es por el oír, y el oír, por la
palabra de Dios” (Ro. 10:17).
- “Muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos. 18:8).
- “Dios escogió que los gentiles oyesen la palabra del evangelio y creyesen” (Hecho. 15:7)
- “A
s í́ predicamos, y así habéis creído” (1 Co. 15:11).
Siendo Dios infinitamente más grande que nosotros, es comprensible que la fe de muchas
personas haya vacilado ante las claras promesas de que finalmente veremos a Dios. Es imposible
que el hombre pecador pueda ver a Dios (Ex. 33:20), aunque esto implica que de no ser por
nuestra pecaminosidad, Dios es realmente un ser que puede ser visto. A Israel le faltó la fe para
ver la apariencia de Dios (Jn. 5:37). Semejan- te fe viene por conocer a Dios y creer en Su
palabra:
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mt. 5:8).
El Antiguo Testamento uniformemente habla de Dios como una persona; la relación de persona a
persona con Dios, que mencionan tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, es única en la
verdadera esperanza cristiana. Los siguientes son solidos argumentos en favor un Dios personal:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn.
1:26). De este modo, el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, como se manifiesta en
los ángeles. Santiago 3:9 habla de “los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios”.
El propósito de Dios es revelarse en una multitud de seres glorificados. Su nombre
conmemorativo, Jehová Elohim, indica esto (una traducción aproxima da es “el que será los
poderosos”). Las descripciones del galardón que recibirán los fieles en el futuro reino de Dios en
la tierra muestran que ellos tendrán una existencia tangible y corporal, aunque ya no sujetos a las
debilidades de la naturaleza humana. Job anhelaba el día postrero, cuando tendría la resurrección
de su cuerpo (Job 19:25-27).

41