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145 Lo que Dios une Dios lo separa, por tanto el divorcio civil está por debajo
del divorcio vermista sin que por ello la ley del estado deje de aplicarse.
Parte trigésima. Dios y la ley.
146 El vermismo insta a sus adherentes a seguir la ley del estado donde residan
en tanto sea posible y hasta que nuestra ley se pueda imponer de forma oficial.
147 Toda ley verdadera proviene de Dios únicamente y tiene como propósito el
bienestar de las personas en la sociedad y la paz entre sus miembros.
148 Toda ley religiosa del paganismo ignorante está por debajo de la ley de Dios
siendo esta última dada por el máximo legislador y las primeras solo
sugerencias del pagano ignorante.
149 Ninguna persona está por sobre la ley de Dios, si la ley de Dios y la ley del
hombre están en contradicción el vermista debe obedecer la ley de Dios
primero.
150 Toda ley que no nos acerque a la paz, justicia, igualdad, equidad, bienestar
y libertad para todos no es de Dios sino del hombre y viceversa.
Parte trigésimo primera. Dios y el aborto.
151 El señor en su sabiduría nos ha permitido saber que un embrión no es una
persona a sus ojos sino hasta la detección de actividad cerebral.
152 La cualidad de ser persona es obtenida paulatinamente por lo que no se
habla de una línea que separe la no-persona de la persona propiamente dicha
sino de un desarrollo constante en el útero.
153 Los ideales de una mujer embarazada y el encariñamiento hacia su embrión
son factores que deben forzar al resto de la comunidad a respetar su preñez
mientras dure aun si no consideramos al embrión como persona.
154 Es el aborto una interrupción del embarazo que se divide en dos grupos:
espontaneo e inducido. El inducido por razones médicas es recomendado, el
inducido por decisión personal es respetado como una decisión
correspondiente únicamente a la mujer.
155 A medida que el embrión se desarrolla nuestra responsabilidad moral de
cuidar de éste crece también al punto en el que, alcanzadas las 20 semanas, se
insta a las embarazadas a considerar seriamente conservarlo a menos que haya
riesgos de salud.
Parte trigésimo segunda. Dios y la eutanasia.
156 Es la vida de cada quien propia, el suicidio asistido o eutanasia es aprobado
para los convalecientes que estando en etapas terminales deseen morir sin el
sufrimiento y/o la humillación de su condición.
