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Luego los invitados fueron al salón, y nosotros
nos quedamos con el equipo de Ortet para la
sesión de fotos. Fue un atardecer precioso, y nos
divertimos con las poses. Cuando llegamos al
salón, todos se pusieron de pie. Después de los
saludos, me tocó sorprender a Javi, y micrófono en
mano le dediqué un video con fotos de nuestros
mejores momentos. Cortamos el cake, brindamos,
lancé el ramo, pero Javi se esmeró para quitarme
la liga: todo un “streaper”.
Aquella noche, como cuando nos reencontramos, no paramos de bailar. La felicidad
se podía respirar. Casi a la medianoche, un niño
de apenas 6 años nos dijo que había sido la fiesta
más linda a la que había ido en su vida y que
nunca la iba a olvidar.
Sonreí, emocionada, y le confesé: yo pienso lo
mismo que tú.
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