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Entonces, el herlnano Bernardo se le acercó por la rnano izquierda, y
cruzó las tnanos, poniendo la derecha sobre la cabeza del hennano
Francisco
San

Bernardo

y la izquierda sobre la cabeza del hennano Elías, y dijo al hennano

Bernardo:

Bendígate el Padre de nuestro Señor Jesucristo con toda bendición espiritual y
celestial, porque tú eres el prirnogénito elegido en esta santa Orden para dar ejemplo
evangélico en el seguimiento de Cristo mediante la pobreza evangélica' pues no sólo
diste todo lo tuyo y lo distribuiste total y librernente a los pobres por atnor de Cristo,
sino que te ofreciste a ti mismo en esta Orden en sacrificio de suavidad. Seas, pues,
bendito de nuestro Señor Jesucristo y de tní, siervo suyo pobrecillo, con bendición
eterna, en tu calninar y en tu reposar, despierto y donnido, en vida y en muerte. Quien
te bendiga sea lleno de bendición y quien te rnaldiga no quede sin castigo. Sé eljefe
de tus hermanos y a tu mandato obedezcan todos ellos; ten facultad para recibir
candidatos a la Orden y para expulsar a los que tú quieras; y ningún hermano tenga
potestad sobre ti y tengas libertad para ir y estar donde te agrade.

--

Después de la muerte de San Francisco, los hennanos amaron y respetaron al
hennano Bemardo como a venerable padre. Cuando estaba para morir, acudieron
muchos hermanos de diversas partes del mundo; entre ellos, aquel angélico y divino
hennano Gil, el cual, al ver al hermano Bernardo, le dijo con alegría:
-- ;Sursum corda, hertnano Bernardo, sursum cordq!

Y el santo herrnano Bernardo encargó secretarnente a un hennano que preparase

al hennano Gil un lugar apto para la contemplación; y así se hizo.
Y cuando el hennano Bernardo se halló en la hora de la muerte, hizo que lo
incorporasen y habló en estos términos a los hermanos que tenía delante:

Herrnanos carísilnos: no os diré lnuchas palabras; pero quiero recordaros que
vosotros vivís la lnislna vida religiosa que yo he vivido; y un día os hallaréis en el
lnislno estado en que yo ahora lne hallo. Y os digo, colno lo siento en tni alma, que no

--

ni por mil mundos cotno éste, haber dejado de servir a nuestro Seflor
Jesucristo y a vosotros. Os suplico, hennanos lníos carísilnos, que os alnéis los unos a
los otros.
Después de estas palabras y otras buenas enseñanzas, se extendió en la catna, y
su rostro apareció resplandeciente y alegre en extrelno, de lo que todos los hermanos
se maravillaron. En rnedio de aquel gozo, pasó su allna santísilna, coronada de gloria,
de la vida presente a la vida bienaventurada de los ángeles.
querría,

En alabanza y gloria de Cristo.
Arnén.

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