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Mejorar tu capacidad
de atención
Entrenar tu foco, tu atención y tu estado de conciencia es clave para aprender mejor y estimular la aparición de

insights, por ende,

potencia tu creatividad. Existe una variedad de técnicas que generan cambios fisiológicos y psicológicos en tu cuerpo y mente. Muchas de
estas técnicas derivan de ideologías y filosofías milenarias. Cada uno de estos diferentes enfoques se apoya en una práctica diaria
relativamente sencilla. Estos ejercicios se pueden basar en focalizar tu atención en algo interno, como tu respiración o los latidos del
corazón, o externo, como sonidos, música, un objeto. También hay ejercicios que integran ambas cosas. En mi experiencia personal puedo

asegurar que al principio conlleva un esfuerzo importante entrenar la mente para mejorar su capacidad atencional. Con la práctica, como casi
todo lo que queremos aprender, el esfuerzo se va desvaneciendo y comenzás automáticamente a concentrarte en los ejercicios. Los
resultados son impresionantes si te imponés la disciplina de hacerlos a diario. Obviamente hay que seguir las recomendaciones de las
personas a cargo de tu entrenamiento.
Uno de los métodos más occidentales es el “entrenamiento atencional activo”. Muchos de nosotros entrenamos nuestra atención sin
darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Esto sucede sobre todo cuando nos involucramos en deportes, actividades en la naturaleza o
hobbies. Las dos expresiones de este enfoque se encuentran en actividades que son traccionadas por: i) La novedad, la velocidad y un
intenso estado de concentración impuesto pero sin esfuerzo. Por ejemplo, si estás corriendo en la montaña necesitás estar muy atento al
camino, cambiar de velocidad constantemente, no sabés bien que esperar detrás del árbol o una roca y ii) La repetición deliberada en un
ambiente confortable, donde bajás la guardia y no necesitás estar vigilante para cambiar con rapidez la circunstancia en la que te encontrás.
Estás como fluyendo. Correr en la ruta o en un camino recto sería un ejemplo de esta última. En ambos casos, un buen entrenamiento físico
te asegura, además, un entrenamiento mental de tu atención. Con el tiempo, estos cambios psicofisiológicos van más allá de tu estado de
salud y alcanzan un bienestar mental estimulando tu creatividad. A aquellos que practicamos deportes se nos ocurren muchas ideas durante
los entrenamientos.
También podemos entrenar nuestra atención sin movernos. Esto es conocido como “entrenamiento atencional ambiente” o mindfulness en

inglés. Esta última palabra deriva del budismo y hoy se la utiliza para denominar muchas cosas diferentes. Para el propósito de tu
entrenamiento mental y lo que pretendo de este libro, voy a utilizar sólo lo práctico y no lo dogmático de este concepto. Mindfulness no es la
búsqueda de cambio sino todo lo contrario, es ser quien sos, teniendo lo que tenés, donde estás en este preciso momento y en cada
momento. En lugar de focalizar y excluir, se trata de quedarse tranquilo con una pequeñísima atención sobre tu respiración y poco a poco ir
abriendo tus sentidos a todo lo que está pasando a tu alrededor. El desafío de esta práctica es poder dejar partir, a medida que van llegando a
tu mente, toda nueva sensación y pensamientos y permitirte volver a tu respiración y el momento. Tu tendencia probablemente sea enojarte
al no poder controlar tu atención, eso es lo que me pasa a mí cuando se me aparece la milanesa con papas fritas que comí la noche anterior.
Sin embargo, empezás pronto a darte cuenta de que está bien e incluso es de esperar que tu mente esté errando por alguna parte. Dejás de
verlo como algo bueno o malo y sólo lo convertís en algo. Es sencillamente como la mente funciona. No lo pelees, abrite a eso, reconocelo
y volvé a tu respiración.
Finalmente quiero recomendarte la meditación trascendental. Fue Maharishi Mahesh Yogi quien introdujo esta técnica hace más de
cincuenta años. Hoy se cree que es practicada a diario por más de cinco millones de personas. Es una adaptación de la meditación con
mantras (sonidos) que proviene de las tradiciones y enseñanzas védicas. En la meditación trascendental vos tenés tu propio mantra, te lo da
tu instructor, y la repetición y el foco interno en ese mantra te proporciona un estado de calma. En 1979, un estudio llevado a cabo por Ellis
Paul Torrence, un experto en creatividad, demostró que aquellos que practicaban meditación trascendental eran más creativos en diferentes
tareas que los grupos control (o sea, los que no la practicaban). Además existen serias evidencias de que la práctica mejora tu estado de
ánimo y tu habilidad para enfrentar el miedo y la incertidumbre.
Ambos enfoques, los de entrenamiento atencional o de meditación trascendental, tienen detrás miles de publicaciones científicas que
avalan su práctica. Si bien yo estoy abierto a todo, soy más bien un escéptico con respecto a la espiritualidad. Las prácticas deben funcionar
en mi propia vida para poder creer en ellas y recomendarlas.