LA GUERRA SUCIA EN LAS SOMBRAS.pdf

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Una guerra sucia es una forma de lucha desarrollada en
secreto por un Estado pretendiendo solucionar problemas que
son imposibles de resolver por la vía de la justicia
convencional; ya que autorizar actos ilegales o anti
democráticos implica dejar a su paso registros, pruebas,
declaraciones,
testigos
de
actividades
criminales
comprometidas y todo tipo de problemas indeseados para
quienes llevan a cabo estas operaciones.
Por esta razón, y en el supuesto caso de que un gobierno
decida organizar un aparato de guerra sucia clandestino en
contra de sus propios ciudadanos, siempre hace mucho
hincapié en no dejar pruebas de cualquier tipo. El presunto
motivo por el que un Gobierno emplea este tipo de
actividades desarrolladas en un trasfondo clandestino sin una
clara justificación, es muy abstracto. El clásico argumento es
que se organizan para controlar o combatir diversas
actividades subversivas: “El terrorismo, grupos hostiles o
paramilitares, carteles del narcotráfico, incluso adversarios y
disidentes políticos que amenazan la paz”. Pero no es extraño
que los organizadores de este tipo de guerra tan inusual,
valiéndose de la máxima latina: Annuit Cœptis1, “el fin
justifica los medios”, traspasen todos los limites imaginables
y alcancen niveles de corrupción y salvajismo descontrolado;
llegando incluso al asesinato, la violación, y la tortura de
inocentes.
Para ser más concisos nunca es improbable que quienes
utilizan métodos de guerra sucia dentro de un Estado los
empleen también para otros fines muchos más personales
(Venganzas y ajustes de cuentas), haciendo cosas tan
deplorables como por ejemplo: Detenciones, secuestros,
violaciones, supresiones a capricho, venganzas a dedo por
absolutas banalidades, y otro tipo de acciones que se alejan
del presunto objetivo político defensivo para el cual dicen que
ha sido creada inicialmente la guerra sucia. Así que podemos
considerar a la guerra sucia como un monstruo silencioso, o
un aparato Estatal construido en secreto para satisfacer
ciertos fines egoístas y expectativas políticas de unos pocos;
a veces mucho más personales que gubernamentales.
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Literalmente significa: «Justificó las cosas que inició»
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