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Feria y Fiestas en Honor al Santísimo Cristo de la Salud 3

Villargordo 2015

La Cruz es nuestra
Salud del Párroco
José Mª Romero García

Queridos feligreses y amigos:

¡Cuánto es el cariño y la devoción que nosotros tenemos al Señor
de la Salud! ¡Cuántas veces acudimos a él implorándole en nuestras
necesidades! ¡Cuántas muestras de tu acción amorosa guardamos en
nuestro corazón!

Lo que muchas veces perdemos de vista es que estamos rezándole,
queriendo y llevando a hombros a un Cristo crucificado, entregado hasta
la muerte por nosotros, muerto en la cruz inundado de dolores y sangre.
¡Y nosotros huyendo de nuestras cruces! Es increíble.










Un joven ya no podía más con sus problemas. Cayó de rodillas,

rezando: “Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada”.
El Señor, como siempre, acudió y le contestó: “Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala
dentro de esa habitación. Después, escoge la cruz que tú quieras”.
El joven suspiró aliviado. “Gracias, Señor”, dijo, e hizo lo que le había dicho.
Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba. Después, vio
una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
“Señor, susurró, quisiera esa que está allá”, dijo señalándola.
Y el Señor contestó: “Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar”.


La talla del discípulo de Jesús se mide no por su hoja de servicios, sino por su magnanimidad y amplitud
de miras: agradece ser discípulo el más tiempo posible y goza de serlo, sin preocuparle el peso del día y las
dificultades, sin importar la cruz de cada día: enfermedades, dolores, cansancio y desgaste de los años; burlas,
incomprensiones, rechazos de los demás, soledad, abandono; carga de tantas cosas que pesan sobre nosotros,
fallos y limitaciones...

La cruz la vemos negativa, destructora, dura y cruel... La vemos de espaldas. Démosle la vuelta, pues no
seguimos una cruz, sino a Cristo crucificado, con él llevamos nuestra cruz. Desde Jesús, la cruz es fuente de
salud: descubre el rostro de Jesús... Así la cruz es germen de vida, pues Jesús es la vida, la resurrección.

El secreto es sólo uno: el amor y la entrega completa de uno mismo. Es un don eximio y una suprema
prueba de amor. Jugarse el todo por el Todo. Así la cruz es fuente de alegría.

Los cristianos hemos de redescubrir que somos seguidores del Cristo de la Salud, o dejamos de ser
cristianos. Pues tenemos la tentación de suavizar y dulcificar a Cristo, porque ni nosotros ni el mundo moderno
digieren la cruz. Dios no es el Dios del poder, de la omnipotencia; es un Dios de amor, un Dios de servicio, un
Dios que baja y desciende, un Dios humilde.

La cruz cambia nuestras ideas sobre la realidad y cambia, sobre todo, nuestra vida, porque hemos de
seguir a Cristo crucificado: “Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”
(Lc 9,23).

Este año le decimos al Santísimo Cristo de la Salud: Enséñanos a no rechazar nuestra cruz, a aceptarla,
a abrazarla, a quererla, a buscarla… Enséñanos a vivir crucificados, como tú, Señor, por amor.