Baudelaire poesia del mal.pdf

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En posadas míseras, en navíos
vagabundos y al calor de amorosos contactos se fue urdiendo
—bien que
mal— esta
versión
del sublime Enloquecido. En un
solitario
y
angustioso
atardecer
se dio fin a la corrección de
estos ecos de una belleza incomparable
para
cumplir
hasta
el final con una obligación y un
ritual sostén del amor a la vida.
1959-1976
E. M. S. DAÑERO
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