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Más que enumerar una lista de buenos deseos y recetas mágicas para terminar
con los diferentes flagelos que padece nuestro país, considero es tiempo oportuno
para llegar a una verdadera reflexión sobre lo que la sociedad mexicana en su
conjunto tolera y es capaz de admitir como prácticas sociales cotidianas. De entre
los distintos lastres, el de la corrupción es el que la mayoría de los ciudadanos a
través de encuestas y sondeos, identifica como el principal cáncer que padecemos.
Entre los grupos que se mencionan como los que más ocasiones incursionan en
este tipo de actividades, se encuentran los partidos políticos, representantes
populares de los tres órdenes que conforman al Estado mexicano (municipal,
estatal y federal) seguidos de la policía. Es decir en general el binomio gobierno –
corrupción parece ser indisoluble ante la percepción de la población.
¿En verdad la corrupción se enfoca en estos actores sociales? Si nos remitimos a
las prácticas desleales que realizan muchos servidores públicos con tal de obtener
una prebenda laboral o económica, estamos en lo cierto; sin embargo poco se
habla con respecto a “la otra corrupción”, la cotidiana, la que se permite y hasta en
algunos casos se incentiva, de la que no hay estudios ni parámetros tan confiables
pues se ha arraigado tanto en el sentido de convivencia social que se acepta. El
tema puede llegar a ser bastante capcioso pues muy pocas personas suelen auto
adscribirse como corruptas o confesar que han realizado actos ventajosos con tal
de beneficiarse a sí mismos, a un miembro de la familia o alguien cercano, la
autocrítica queda nulificada; pues solo se remite al ámbito gubernamental y en
menor medida al empresarial, acusado de dar coimas a las autoridades para
beneplácito de intereses económicos.
El amiguismo es una forma de corrupción cotidiana y socialmente acreditada, es
decir, aprovechar que algún conocido, excompañero de aulas, compadre o
cualquier otra persona con un
nexo no sanguíneo (que generalmente se
encuentra en una mejor posición laboral) realice las gestiones pertinentes para
que se logre adjudicar a una persona de su cercanía, una plaza o puesto de
trabajo sin acreditar los requerimientos exigidos o bien las evaluaciones sean más
someras. Este hecho per se, violenta la profesionalización, pues dentro de este
