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5 de marzo de 1890. En el Teatro de Variedades de Montevideo, se realiza una importante asamblea de los
nacionalistas, con delegaciones llegadas de todas partes del país y del exterior. Agustín De Vedia expresó:
“La influencia moral y positiva que nuestro Partido pueda ejercer en los destinos del país depende de su
unión, de la tolerancia, y de cierta indulgencia recíproca, a la vez que de la firmeza en los principios que
forman nuestro programa político”.
A pesar del llamado a la unidad, dos tendencias se iban a enfrentar: Juan José de Herrera que impulsaría la
abstención en noviembre del 90 y Martín Aguirre que defenderá la concurrencia a las urnas.
5 de marzo de 1897. Abdón Aroztegui lee la proclama de Saravia y Aparicio entra por Carpintería al frente
de 400 ciudadanos soldados.
“…La sangre que forzosamente se va a derramar en la lucha que emprendemos,
perdiéndose quizá vidas preciosas para la patria en los campos de batalla, así como los
sacrificios cruentos que sufrirá el país, sean de ellos responsables los malos ciudadanos
que nos provocan a la lucha armada; responsabilidad que caerá sobre sus cabezas como
una maldición del pueblo oriental. La revolución no escatimará su sangre en defensa de
las libertades, ni la del enemigo que se presente con las armas a combatirla, pero
respetará al vencido y castigará sin consideración alguna al más pequeño desmán
cometido por sus fuerzas….”
5 de marzo de 1897. A las 11 de la mañana desembarcó en el Puerto del Sauce, la expedición revolucionaria
comandada por el coronel Diego Lamas, que el día anterior en el
Riachuelo se había embarcado en el “Leonor”. Venían en ella el
delegado del Comité de Guerra, Dr. Duvimioso Terra, los sargentos
mayores Luis Navarro y Manuel Rodríguez, los tenientes coroneles
Pedro Carpi e Isabelino Canaveris, los oficiales Luis Pastoriza,
Juan Laporte, Vicente Martínez, Victorio Carneiro, José Ferreira,
Francisco Vaz Terra y Federico Denis, los ayudantes Luis A. de
Herrera y Alberto Suárez y una veintena de soldados.
Dicha expedición debía unirse en Punta Lara con el contingente
revolucionario mandado por José Núñez, pero éste se vio obligado
a desembarcar más al norte. Sabedor el Presidente Idiarte Borda
de éstos preparativos había hecho embarcar al Ministro de Guerra, General Juan José Díaz, con parte del
Batallón 2° de Cazadores, y un regimiento de artillería, con cañones y ametralladoras.
Lamas pudo burlar la vigilancia del buque, y se integró a contingentes maragatos y porongueros a cuyo
frente venían José González, Cayetano Gutiérrez y Cicerón Marín. El mismo día 400 revolucionarios
invadían por el Paso de Carpintería. A su frente venía Aparicio Saravia. El santo y seña de la revolución fue
“Libertad”.
5 de marzo de 1898. El Directorio del Partido Nacional concurrió corporativamente al domicilio del Cnel.
Diego Lamas al cumplirse el primer aniversario de su desembarco en el Sauce.
5 de marzo de 1944. La Convención del Partido Nacional votó por aclamación una declaración que en lo
referente al orden internacional expresaba:” Que nunca como hoy frente a las actuales circunstancias
internacionales corresponde reiterar la voluntad inquebrantable de lucha por la autonomía territorial,
